domingo, 16 de marzo de 2025

En el altar de sacrificios.

Ahora me encuentro al pie del altar, a punto de ser sacrificada a un dios sin nombre. Estoy a la espera de que alguien me rescate y me libere de mi inmolación.

Ya es tarde. Veo venir al oficiante con la daga de diamante. Además, para eso me ofrecí. El sacerdote, con su toga especial para sacrificios de color azul, con borlas doradas y filigranas en color sangre, está listo. Levanta la daga con ambas manos y, zas…

… la hunde en mi corazón.

Pero, ¿cómo es posible si aún estoy viva? Entonces me doy cuenta de que morí y mi espíritu se niega a avanzar; por algún motivo, permanezco en este lugar.

M. D. Álvarez

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