Llegó a su casa, dejó el petate en el suelo y se sentó en el sillón. Los había traído a todos de vuelta a casa.
Cada día era más complicado cumplir la misión y traerlos a salvo de vuelta. Se estaba pensando en la oferta del laboratorio de hibridación; si conseguía mejorar sus tiempos de reacción, ¡bienvenido sea! A la mañana siguiente, se dirigió a dicho laboratorio, donde, tras someterlo a diversos exámenes médicos, le inyectaron un suero color violeta.
Tras tres horas esperando los resultados, le dijeron que ya se podía ir a casa y que, si notaba algún cambio físico, regresara. Esa noche durmió profundamente, pero sus sentidos estaban alerta; oía todo lo que pasaba en la ciudad.
Cuando despertó, estaba completamente relajado; no recordaba cuándo había sido la última vez que había dormido tan bien. Se fue al gimnasio; fue allí donde se dio cuenta de que algo había cambiado en él: destrozó el saco de boxeo de un solo puñetazo, levantó 500 kilos sin ningún esfuerzo y estaba sorprendido; no digamos los demás clientes del gimnasio, que se quedaron boquiabiertos.
Se dirigió al cuartel general donde su comando se entrenaba; allí utilizó el búnker para probar sus nuevas fuerzas y desató toda su furia, arrasando el búnker por completo.
Continuará...
M. D. Álvarez
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