viernes, 7 de marzo de 2025

Muslos a la boloñesa.

Los muslos de pollo se negaban a tenderse sobre aquel aceite; debían sofreír los muslos de pollo, que seguían sin querer dorarse en aquel aceite de oliva.

—Yo soy el mejor aceite de oliva sobre el que te deberías derretir —dijo el aceite, visiblemente airado por la descortesía de aquellos torneados muslos que se creían especiales por ser muslos label. 

Y querían ser cocinados por un chef de seis estrellas Michelin y no por un patoso mozalvete que había preparado la apetitosa salsa boloñesa de bote para añadirle unos miserables espaguetis. 

Sin embargo, había cuidado mucho de comprar el mejor aceite de oliva para poder dorar aquellos muslos esquivos. 

Por mucho que se quejaron, terminaron dorados por aquel apetitoso aceite de oliva que tan caro le había salido al cocinillas.

M. D. Álvarez 

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