jueves, 6 de marzo de 2025

Cautivada por la bestia.

Él, un hombre lobo generoso, atlético y sensible estaba enamorado de una voluptuosa y hermosa joven de turgentes pechos y caderas cimbreantes. 

Ella lo deseaba; cada vez que lo veía, se sentía azorada y ruborizada. No sabía dónde meterse para que él no la viera tan nerviosa, hasta que un día se encontró de frente con él y no tuvo escapatoria. Él se dio cuenta al instante, sonrió; no sabía que tenía ese efecto sobre ella.

—¿Estás bien? —preguntó él, sabedor del efecto que ejercía sobre ella.

Ella no sabía dónde mirar; toda azorada, acertó a decir que sí. 

—Ven, acompañame —dijo él cortésmente, ofreciéndole el brazo.

Ella aceptó el brazo y lo siguió. La llevó a su casa, la invitó a pasar. Ella rehusó al principio, pero finalmente entró. Él le ofreció un refresco frío y la invitó a sentarse.

—Adoro tu candidez y tu rubor —dijo él, visiblemente emocionado.

Ella sentía cómo el calor volvía a su hermoso rostro; él estaba a pocos centímetros de su cara, lamió suavemente su mejilla, haciendo que el rubor disminuyera.. Ella lo rodeó con sus adorables brazos, sintiendo el latido acelerado de su corazón. 

Él la miró a los ojos, esos ojos que siempre lo habían cautivado. Ella, sintiendo el calor de su cuerpo y el latido de su corazón, se dejó llevar por la emoción del momento. Sus labios se encontraron en un beso suave y tierno.

El beso se prolongó, intensificándose. Sus lenguas se encontraron en un juego sensual, mientras sus cuerpos se acercaban cada vez más. 

Un escalofrío recorrió su espalda cuando él susurró a su oído: 'Eres perfecta'. Ella sonrió, sintiendo que su corazón se derretía por él.

M. D.  Álvarez 

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