Él la sorprendió regalándole una arrebatadora rosa Violet Carson. Ella se había fijado, antes de entrar, en el mimo con el que las trataba; limpiaba las hojas muertas y las malas hierbas no crecían a su alrededor. Aceptó con una sonrisa tímida la flor que él tan amablemente le regalaba.
Ella, con la rosa en la mano, sintió cómo su corazón latía más rápido. Sus miradas se encontraron y, en ese instante, supieron que algo especial estaba naciendo entre ellos. Pasearon juntos por el jardín, hablando de sueños y esperanzas, mientras el sol se ponía, tiñendo el cielo de tonos rosados.
M. D. Álvarez
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