jueves, 24 de julio de 2025

La caza nocturna del cazador oculto.

Cuando le cambiaron el desayuno por un trozo de carne, se dio cuenta de que lo habían descubierto en una de sus cacerías nocturnas. Solo su naturaleza irracional salía a flor de piel; todas las noches cazaba para alimentar a su lado brutal. Durante el día, su naturaleza dócil y mansa lo mantenía sumido en un letargo controlado. No debía mostrar su brutalidad de día, pues ella lo vería de forma aterradora. 

Así que retiró aquel pedazo de carne y se sirvió un buen bol con cereales y leche. Tenía que descubrir quién lo había descubierto, así que lanzó una mirada furtiva a todos los allí presentes y solo halló a uno que lo miraba fijamente. 

Estaba sentado en una mesa del fondo, se dirigió hacia la mesa, separó una silla con la pierna y se sentó, dejando el bol sobre la mesa. El individuo se sobresaltó al verlo acercarse y sentarse en su mesa.

—¿Qué pretendes? —siseó, conteniendo su furia.  

—No comprendo —dijo, mirando al camarero como pidiendo ayuda..

Sé que le has dicho al camarero que me pusiera un trozo de carne, dijo con furia mal contenida, y quiero saber por qué. 

Está bien, está bien, te vi el otro día en el parque; tu transformación fue brutal, dijo aquel pobre diablo. Tengo prueba: te filmé con mi móvil. 

Verás, si viste mi transformación, sabrás que no puedo dejarte vivir si no me entregas el video y lo borras. 

Vale, vale, aquí tienes mi móvil, y ahora estoy borrando de la nube y de la memoria del móvil el video. Cuando aquel individuo borró todos los archivos y le entregó el móvil, él lo destrozó, estrujándolo con su mano derecha. 

—Ahora será mejor que desaparezcas, porque si te vuelvo a ver por aquí, no me hago responsable de mi yo brutal. Está claro —dijo entre dientes.

El personaje se levantó y se fue. Tenía un disco externo donde había guardado el video. Él sabía que debía encontrar todos los archivos, así que lo siguió a distancia. Lo vio meterse en un coche y abrir la guantera; allí estaba el dispositivo de almacenamiento. Rompió la ventanilla y jaló al individuo, que, asustado, se orinó encima. 

—¿Qué te había dicho? —dijo, dejando salir su naturaleza salvaje—. Espero que no haya más copias. 

—No, no, no las hay. Aquí está todo —se retorcía, asustado; sabía que si le mentía, lo iba a despedazar. 

Cogió el disco duro externo y lo destrozó. Le pidió la cartera y se la entregó. 

—Ahora sé quién eres y dónde vives. Si veo alguna imagen o fotografía mía en cualquier lugar, sabré que has sido tú y no tendré piedad contigo, ¿está claro? —rugió.

M. D.  Álvarez 

No hay comentarios:

Publicar un comentario