martes, 22 de julio de 2025

La perdición.

Como iba a saber aquella pequeña hormiguita que aquel líquido viscoso era el aglutinante más poderoso de todo el reino animal, un pegamento tan férreo que ni la física lograría despegarlo. 

Pero, para desgracia suya, era una exploradora y tras ella vendrían el resto de obreras, que quedarían inexorablemente atrapadas junto a esa pequeña exploradora. Solo faltaba que, tras las obreras, llegaran los soldados y, tras los soldados, llegara la corte con la reina. 

Sería el fin de su reina, pobre exploradora; sobre ella ha caído la perdición de su reina. Si tan solo se hubiera desviado un poco, no estarían en aquel atolladero.

M. D. Álvarez 

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