sábado, 28 de febrero de 2026

Un rumor.

Su melancolía lo estaba sumiendo en la más profunda de las tristezas. Ella lo había dejado por un equívoco que él cometió con una de sus mejores amigas cuando se ofreció a llevarla al ver que había bebido demasiado. 

Por mucho que se disculpó, no quiso saber nada de él hasta que lo vio sumido en una tristeza tal que quiso perdonarlo, hasta que la amiga envidiosa a la que acompaño le susurró: "Es un buen partido y está muy bien dotado". 

Aquello acabó destrozando la relación que se había fraguado durante años; no le perdonó sabiendo que nada ocurrió.

M. D. Álvarez 

viernes, 27 de febrero de 2026

Promesas en la tempestad. 2da parte.

Al entrar en la sala de mando, el ambiente se tornó serio. Los capitanes estaban reunidos alrededor de un mapa desgastado, sus rostros iluminados por la luz tenue de las lámparas. Las líneas del mapa trazaban una ruta peligrosa a través de aguas traicioneras y territorios desconocidos.

—Bienvenido, comandante, dijo el capitán Albert, señalando el mapa. —La ruta está llena de desafíos. Habrá tormentas y criaturas marinas que pondrán a prueba nuestras habilidades”.

—Lo sé, respondió él con voz firme, sintiendo cómo la adrenalina comenzaba a fluir en su cuerpo. —Pero hemos enfrentado adversidades peores. Lo que importa es mantenernos unidos y enfocados.

Mientras discutían los detalles de la misión, su mente seguía volando hacia ella. Imaginaba su sonrisa, el brillo en sus ojos cuando ella lo miraba. Esa imagen se convirtió en su faro, guiándolo a través de la oscuridad que acechaba en el horizonte.

—Comandante, interrumpió la capitana Myriam, sacándolo de sus pensamientos. —¿Cuál es nuestra estrategia para enfrentar las tormentas? Necesitamos un plan sólido.

—Las tormentas no nos detendrán, afirmó él con decisión. —Debemos ser rápidos y astutos. Si seguimos este curso y mantenemos el rumbo firme, podremos atravesarlas sin perder tiempo.

Los capitanes asintieron, motivados por su confianza. La conversación fluyó entre tácticas y preparativos, y mientras hablaban, él sentía que cada palabra era un paso más cerca de regresar a su amada.

La noche avanzó, y con cada hora que pasaba, la ansiedad crecía. Finalmente, el cielo se oscureció completamente, y las primeras gotas de lluvia comenzaron a caer.

“¡Preparados para la tormenta!” gritó el comandante mientras se aferraba al timón. Las olas comenzaron a agitarse violentamente, pero él se mantuvo firme. “Recuerden: somos una tripulación unida. ¡No dejaremos que nada nos detenga!”

El barco luchó contra las embestidas del mar, pero él sentía que cada ola era un recordatorio de su promesa. Con cada golpe del agua contra el casco, reafirmaba su resolución: volvería a casa.

De repente, un grito alarmado resonó en el aire: “¡Criaturas en el agua!” 

El corazón le dio un vuelco al ver sombras emergiendo de las profundidades; criaturas marinas con escamas brillantes y ojos centelleantes rodeaban el barco.

“¡Defensas listas!” ordenó él con voz autoritaria mientras los hombres se preparaban para luchar.

Sin embargo, en lugar de entrar en pánico, recordó las historias sobre estas criaturas; eran guardianes del mar y podían ser aliados si se les abordaba con respeto.

“¡Esperen!” gritó por encima del estruendo del viento y las olas. “No estamos aquí para pelear; venimos en paz”.

Las criaturas se detuvieron momentáneamente, sus ojos brillando intensamente bajo la luz de la luna. Con un gesto decidido, levantó una mano hacia ellas como símbolo de paz.

“Buscamos un camino seguro hacia nuestra misión”, explicó con sinceridad. “Si nos permiten pasar, prometo honrar su dominio sobre estas aguas”.

Las criaturas intercambiaron miradas entre sí antes de acercarse lentamente al barco. El silencio era palpable mientras todos contenían la respiración.

Finalmente, una de las criaturas más grandes emergió del agua y habló con una voz profunda que resonó en sus corazones: “Si tu intención es noble y tu amor es verdadero, te permitiremos cruzar nuestras aguas”.

Con gratitud desbordante en su pecho, el comandante asintió solemnemente. Sabía que este encuentro no solo era una prueba para él sino también una señal de que su amor lo guiaba incluso a través de lo desconocido.

Continuará...

M. D.  Álvarez 

jueves, 26 de febrero de 2026

Perdido en un mar de dudas.

Era un guerrero fuerte y hábil, pero todavía creía en la inocencia de aquel mundo joven. A pesar del último desenlace, donde el mal floreció, él siguió creyendo que había inocencia en sus actos. 

Hasta que un día, su pareja fue brutalmente golpeada. Sintió que toda su inocencia desaparecía en un océano de dudas. Frente al cuerpo apaleado de ella, juró que no consentiría que el mal prevaleciera en su mundo; él se encargaría. 

Tras perder la inocencia, su corazón luchó con todas sus fuerzas hasta que no quedó ni una pizca de maldad en su mundo.

M. D. Álvarez 

miércoles, 25 de febrero de 2026

El pétalo y su rosa.

Un pétalo, tan solo, era menospreciado por las demás flores que conservaban todos sus pétalos. Sin embargo, este humilde pétalo fue el único que se sacrificó por el amor a su rosa..

 Decidió caer sobre una pequeña oruguita que se disponía a trepar al tallo de su amada rosa, de un rojo tan intenso como su propio corazón. Prefirió saltar sobre ella y evitar que subiera y devorara a su amada rosa. 

La pequeña oruguita, al ver el valor de aquel pétalo, decidió respetar a la hermosa rosa y se dirigió, ante el estupor de las que lo habían menospreciado, en dirección a ellas.

M. D. Álvarez

martes, 24 de febrero de 2026

Alzamiento de un nuevo ángel guardián.

Su legado estaba a punto de cumplirse en su lecho de muerte. A pesar de tener 35 años, la muerte lo encontró. Tenía a todos sus amigos y a su amada, que lo miraba con verdadera tristeza.

Él la llamó y ella se acercó, se sentó a su lado y escuchó sus últimas palabras.

—Mi amor, temo dejarte ahora que he cumplido mis designios en este mundo. Os echaré de menos a todos. Ahora que lo he logrado, tengo que emprender un nuevo reto: alzarme como un ángel guardián que os defenderá ante las tribulaciones. —Expiró y murió, dejándolos esperanzados.

M. D. Álvarez

lunes, 23 de febrero de 2026

Venderla cara.

Era su tierra; la vendería cara. No se consideraba un ser patriótico, pero con ella era capaz de debastar ejércitos. Su tierra, su piel, su cielo, sus ojos; por todo ello lucharía hasta morir. 

Nadie osaría hoyar sus verdes pastos ni mancillar sus suaves colinas. Su amada permanecería dichosa junto a él, su bravo licántropo de ojos verdes, que lucharía hasta morir por su amada de ojos celestes. 

Ella, su dueña, era la única patria a la que debía respeto y protección. Y el fiero guardián la amaba y defendía de las hordas amenazantes. Su tierra, mi tierra

M. D. Álvarez 

domingo, 22 de febrero de 2026

Ecos de un amor no dicho.

Todas aquellas palabras que nunca te dije por temor quedaron ancladas en mi corazón como arpones adheridos a mi alma dolorida, sin tu amor. 

Tú, la única regente de mi destino, ajena a mi amor, danzas a mi alrededor como la tierra al sol. Girando en sincronía, sin sentir mi latido. 

Sufro sin poder mostrar mis sentimientos con palabras, hasta que un día te fijaste en mi mirada herida y te apiadaste de mí. 

Tú, la verdadera dueña de todas mis palabras de amor no dichas por temor, ahora posees, en tu mirada, todas las palabras que mi miedo ahogó.

M. D. Álvarez

sábado, 21 de febrero de 2026

El estandarte de amor.

Amaba los vastos territorios vírgenes de su añorada patria. Allí dejó su hogar para conquistar tierras al otro lado de los mares. 

Cuando regrese a su amada tierra, lo recibirá como a un héroe que vuelve invicto, pero pocos conocerán su añoranza por dos verdes prados, aquellos que lo vieron nacer, crecer y convertirse en un gran guerrero, por los cuales las jóvenes perdían el corazón, sin saber que en su hogar ya había una hermosa doncella que lo esperaba anhelante. 

Lo vio aparecer por los agrestes bosques, montado en su brioso corcel; en sus brazos portaba el estandarte de ella.

M. D. Álvarez.

viernes, 20 de febrero de 2026

El mayordomo Bukowski.

En aquella buhardilla nunca nos faltaron la cerveza ni Bukowski, el leal mayordomo de la casa. Él debía rellenar la nevera con cervezas Tutankhamun, así de desprendido era el señorito con sus amigos. Pero aquella noche sería muy especial: había invitado a una chica por la que bebía los vientos. La agasajó con dulces viandas que Bukowski había preparado para la ocasión. 

Ella disfrutó de los aperitivos y la cerveza; la buhardilla, amueblada con gustos caros, era acogedora. 

Ella sabía a lo que iba: deseaba cazar al señorito. Utilizó sus armas de mujer y lo sedujo, llevándolo hasta la cama isabelina que se encontraba en el centro de la buhardilla.

M. D. Álvarez

jueves, 19 de febrero de 2026

​El amor que lo trajo de vuelta.

En aquella buhardilla nunca nos faltaron la cerveza ni Bukowski, y su melancolía lo llevó a casi sucumbir a ella por el amor perdido. Lo encontraron tirado en medio de la buhardilla, medio muerto y con un ejemplar de *El pájaro azul* en sus manos. 

Ella supo de inmediato que su rechazo lo llevó a encerrarse en aquella vetusta buhardilla, donde el abismo del dolor lo encontró, llevándolo hacia el mismo borde donde fue hallado, con apenas un hilo de vida. 

De no haber oído su voz, habría caído en la sima más oscura de la melancolía, dejándose morir por un amor no correspondido que finalmente lo fue.


M. D. Álvarez 

miércoles, 18 de febrero de 2026

Mi amigo, el poeta maldito .

En aquella buhardilla nunca nos faltaron la cerveza ni Bukowski y sus poemas. Cuántas noches logró seducir a encantadoras jovencitas recitando los poemas melancólicos de su viejo amigo Charles Bukowski. Ellas terminaban sucumbiendo con la última frase de "El pájaro azul".

Él conocía los devaneos con el alcohol que terminarían matando a su buen amigo, el poeta maldito, que tantas noches había regalado a sus amigos en aquella destartalada buhardilla, donde, tras cada cerveza ingerida, su pluma fluía con pasión desmedida, guiándolo hacia el abismo sin fin de la melancolía. 

Tras su muerte, la buhardilla guardó el gran secreto: el profundo amor por la vida que tan injustamente lo trató.

M. D. Álvarez 

martes, 17 de febrero de 2026

Un Martedì Grasso.

La máscara veneciana era su distintivo. Cada vez que resolvía un caso anónimo, firmaba con su rúbrica, y en carnavales se hinchaba a firmar. Su talante era noble, pero en aquellas fechas se sentía especialmente desinhibido y no ponía su intelecto al servicio del bien, sino que se sentía oscuro y ansioso.

Una noche de carnaval, una cortesana enmascarada lo interceptó y susurró al oído: 

—Se quién eres y conozco tus dos mitades. Si quieres permanecer en el anonimato, ven a la plaza. San Marcos está media noche o daré a conocer tu verdadera identidad.

Se sentía turbado por la mujer; no conocía su rostro, pero ella parecía conocer su identidad. Acudió con su máscara a la plaza de San Marcos cuando las campanas anunciaban la hora bruja. ¡Cuál fue su sorpresa! Aquél día era Martedì Grasso y la plaza estaba abarrotada de nobles y cortesanas, cada cual con sus respectivas máscaras. ¿Cómo iba a reconocer a la mujer que lo había citado allí?

Una voz a su espalda lo alteró: —No te gires y ve hasta el Caffè Florian. 

Atravesaron  toda la plaza hasta llegar al lugar. Se sentaron en un reservado y allí se quitaron las máscaras. Él, un tanto sorprendido, vio que la cortesana no era otra que su secretaria, una adorable joven de ojos verdes que, con una gran sonrisa, le dijo: —Marcus, ¿a que no te diste cuenta de que era yo?

—¡Angie! ¿Pero cómo te has atrevido a asaltarme de esa manera a la mañana? —preguntó, herido en su amor propio.

—Oh, vamos, Marcus, siempre me ignoras y ni te das cuenta de que me gustas a rabiar. Solo me dejaste una opción y parece que he captado tu atención.

—Vaya, si la has captado —respondió Marcus con aquella sonrisa que alelaba a las mujeres—. ¿Quieres tomar algo? —preguntó Marcus, mucho más calmado.

—Pues mira, si un Spritz Veneziano, - respondió ella con su sonrisa encantadora.

Marcus fue a por las bebidas y regresó con el Spritz Veneziano para ella y un Hugo Spritz para él.

—Bueno, ¿qué te parece si, tras tomarnos las copas, nos perdemos en el bullicio del Martedì Grasso? -sugirió Marcus con aquella mirada azul celeste que era capaz de escudriñar los recovecos más oscuros del alma humana.

M. D. Álvarez 

lunes, 16 de febrero de 2026

Amor genuino.

Sus amigas eran unas auténticas lobas, pero él siempre fue cortés con ellas; nunca les dio pie a pensar que estaba interesado en algunas de ellas. Su único amor era ella; no quería agraviarla, así que se cuidaba mucho de mostrar solo interés por ella.

Era galante, cortés y dulce con ella, y se mostraba indiferente con el resto, que no cesaba de atosigarlo con roces y susurros.

A pesar de su indiferencia, las amigas de ella no se daban por vencidas. Cada día inventaban nuevas formas de llamar su atención, pero él permanecía imperturbable. Su corazón solo latía por ella, y cada gesto, cada palabra, estaba destinado a hacerla sentir especial.

Ella notó su incomodidad con sus amigas y las reunió en una de las muchas cenas de amigas y les pidió que dejaran de atosigarlo. Él había decidido y no habría vuelta de hoja.  

Las amigas, sorprendidas por su valentía, prometieron respetar su deseo. Con el tiempo, su amor floreció en un entorno más tranquilo. Él, aliviado, pudo expresar sus sentimientos sin interferencias. Juntos construyeron un vínculo profundo, sabiendo que las verdaderas amistades también apoyan los amores genuinos y sinceros." 

M. D. Álvarez 

domingo, 15 de febrero de 2026

El licántropo tierno.

Era un chico adorable, afectuoso, tierno y amoroso, pero tenía un defecto: era una criatura de la noche. De día, era cauto, gentil y educado. 

Ella no supo lo mucho que le gustaba hasta que lo siguió cuando lo vio adentrarse en el bosque. Lo vio retorcerse y convulsionar; su piel se desgarraba, abriendo paso a un adorable licántropo de sedoso y aterciopelado pelo que se dispuso a saciar sus instintos con las criaturas del bosque más oscuro. 

De pronto, oyó un crujido y se giró; la vio y supo que ella sería la indicada. Con ella podía ser tierno, adorable, afectuoso, amoroso y cariñoso; con el resto no se podía mostrar como tal, debía guardar las apariencias. 

Se acercó con docilidad hacia ella, que lo observaba con ternura. Él se agachó y se puso a su altura. Ella rozó suavemente su aterciopelada cabeza y él lamió con suavidad el dulce rostro de ella, que al contrario de lo que pensáis, adoraba las muestras de cariño de su compañero.

M. D. Álvarez 

sábado, 14 de febrero de 2026

Una historia de amor.

—¿Pero tú de qué pino te has caído, guallabero mío? -dijo ella al ver al hermoso mancebo que acababa de caerle en gracia.

El joven no sabía dónde meterse; era núbil en las lides del romance. Pero, con toda la calma de la que pudo hacer gala, cogió una hermosa flor y se la ofreció casi sin atreverse a mirarla.

—Pero qué tierno eres. Pero mis ojos están aquí, no ahí en el suelo.

—Lo que pasa, señorita, es que su mirada me embelesa y me derrite como un azucarillo —respondió el jovencito con un valor que no creía tener.

Ella rió con suavidad y dijo: —Mira tú por dónde nos ha salido poeta.

—No soy poeta, sino siervo de vuestro corazón, -respondió él con una dulzura que la desarmó.

—Siéntate conmigo, azucarillo, -dijo ella, que había visto el candor y la delicadeza en aquel encantador labriego.

Él se lo pensó un momentito, pero accedió a sentarse con la bella joven.

El atardecer, con sus tonos rojizos y anaranjados, hizo de aquella tarde una hermosa historia de amor entre un inexperto mozo y una encantadora doncella.

M. D. Álvarez

El primer baile. 2da parte.

Mientras el vals se deslizaba suavemente, la música envolvía a Marcus y Angie en un mundo solo para ellos. Cada giro y cada paso parecían acercarlos más, como si el resto del mundo se desvaneciera. Sin embargo, en el fondo de su mente, Marcus no podía evitar sentir una pequeña inquietud.

—¿Vienes aquí a menudo? —preguntó él, buscando un tema de conversación mientras la sostenía con firmeza.

—Es mi primer baile en esta ciudad —respondió Angie, su mirada chispeando con emoción—. Me mudé hace poco. Todo es nuevo para mí.

—¿Y qué te parece hasta ahora? —inquirió él con curiosidad.

—Es hermoso, pero también un poco abrumador —confesó ella—. A veces siento que todos me observan.

Marcus sintió una punzada de empatía. Sabía lo que era sentirse fuera de lugar. Pero había algo en ella que lo hacía querer protegerla.

—No te preocupes por ellos. Lo que importa es este momento —dijo él, sonriendo—. Y aquí estoy, solo para ti.

Angie rió suavemente, y por un instante, el mundo exterior desapareció por completo. Sin embargo, cuando la música comenzó a decaer, Marcus sintió que el tiempo se agotaba.

—Me encantaría continuar esta conversación —dijo él con sinceridad—. ¿Te gustaría salir a tomar algo después del baile?

Angie dudó un momento, sus ojos reflejando una mezcla de emoción y preocupación.

—Me encantaría, pero… no quiero que pienses mal de mí. Mis padres son un poco estrictos con respecto a salir con chicos que acabo de conocer.

La sinceridad en su voz hizo que Marcus sonriera aún más.

—Entiendo perfectamente. Tal vez podríamos encontrar una manera de hacer esto sin romper las reglas. ¿Qué tal si nos encontramos aquí mañana? Podríamos bailar nuevamente y conocernos un poco más.

Angie consideró la propuesta y finalmente asintió, su sonrisa iluminando su rostro.

—Me parece perfecto. Será nuestro pequeño secreto.

La música terminó y los aplausos estallaron a su alrededor. Mientras se separaban, Marcus sintió una chispa de anticipación en su interior. Había algo especial en Angie que lo atraía irremediablemente, y estaba decidido a descubrirlo.

Sin embargo, justo cuando se dio la vuelta para dejarla ir, notó una figura familiar al otro lado del salón: su hermana mayor, Clara, observándolos con una expresión de desaprobación. 

Marcus frunció el ceño; sabía que Clara nunca había sido fanática de sus elecciones románticas y esperaba que no interfiriera esta vez. Se giró hacia Angie antes de perderla entre la multitud.

—Hasta mañana entonces —susurró él suavemente.

Angie asintió, sus ojos brillando con una mezcla de emoción y nerviosismo mientras se alejaba hacia la salida del salón.

Mientras tanto, Clara se acercó a él con paso firme.

—¿Quién era esa chica? No me digas que te has metido en problemas otra vez —dijo ella con tono severo pero preocupado.

Marcus suspiró; sabía que tendría que explicarle todo sobre Angie y su deseo de conocerla mejor. Pero también sabía que la verdadera batalla apenas comenzaba: ganar la aprobación de su hermana podría ser tan complicado como conquistar el corazón de Angie. 

Su hermana era excesivamente protectora con él; en el pasado, recogió los trozos de su corazón después de que una de las muchas novias de él se lo rompiera. Aunque Angie era diferente, le gustaba de veras y lucharía por ella, aunque ello le llevara a enfadar a su hermana mayor.

M. D. Álvarez 

El san Valentín de Luperco y la Luna.

¿Por qué celebramos el Día de los Enamorados y qué se celebraba antes? Pues bien, antes de celebrar San Valentín, se conmemoraba una fiesta, en teoría pagana, llamada Lupercalia, en honor al dios Luperco, protector de los rebaños, de la fertilidad y de la naturaleza salvaje.

Era hijo de Picus y de una ninfa del bosque. Según algunas leyendas, Luperco luchó contra los licántropos y fue herido por el licántropo regius, adquiriendo la facultad de transformarse en uno de ellos. Su amor por la hermosa diosa lunar, a la que los licántropos adoraban con devoción, fue tan grande que, tras desaparecer de la tierra, Luperco fue alzado al cielo por su abuelo Saturno, donde conquistó a la hermosa luna, que, mientras transitaba por los cielos, fijaba sus amorosos ojos en aquel tierno pastor. 

​Y desde aquel entonces, se dice que en las noches de febrero, cuando la luna brilla con una intensidad inusual, no es solo el reflejo del sol lo que vemos, sino la mirada de la diosa respondiendo al abrazo de Luperco.

​Los licántropos, sus antiguos devotos, ya no aúllan de terror o sed de sangre, sino de nostalgia por el líder que ascendió a lo más alto por amor. 

Con el paso de los siglos, la Iglesia transformó los antiguos ritos de fertilidad de la Lupercalia en la festividad de San Valentín, pero la esencia permanece intacta.

​Celebramos el Día de los Enamorados porque recordamos, quizás sin saberlo, aquel sacrificio: el del pastor que aceptó su bestia interior para proteger lo que amaba, y el de la luna que bajó su mirada al mundo para siempre. 

Por eso, cada 14 de febrero, cuando dos amantes se miran a los ojos, repiten el antiguo pacto entre el cielo y la tierra, bajo la protección silenciosa de aquel dios que una vez fue lobo, y que ahora es eterno

M. D. Álvarez 

El primer baile.

La vio en aquella escalera y ya no pudo apartar su mirada de ella. La siguió por todo el salón de baile; en un gesto de cortesía, le pidió un baile. La cogió por la cintura y bailó con ella, acaparando todos los bailes. Nadie más bailó con la chica más hermosa, y ella lo disfrutó; adoraba los agradables modos de caballerosidad de aquel apuesto joven.

—Mi nombre es Marcus Suton —se presentó.  

—Yo soy Angie O'Nel —respondió ella con una adorable sonrisa.

—Un placer, Angie —respondió él, besando su mano.

—Te he visto observándome —dijo ella, jugueteando con su cabello.

—Desde que te vi en la escalera, no he podido apartar la mirada de ti.

Continuará...

M. D. Álvarez 

viernes, 13 de febrero de 2026

Llave de carraca.

—No te han dicho que es de mala educación mirar fijamente, dijo él desde debajo de su Camaro.

—Y como sabes que te estoy mirando, preguntó ella jugueteando con una llave inglesa.

—Tengo un sexto sentido. Puedes pasarme una  llave de carraca de 1/4  dijo sacando la mano.

Ella se agachó,, apoyando la mano en el borde del Camaro mientras le pasaba la llave de carraca. 

—¿Así que tienes un sexto sentido? —dijo, sonriendo con picardía—. ¿Eso significa que puedes leer mentes también?

Él se echó a reír, sacando la cabeza del motor por un instante. 

—No, eso sería demasiado. Pero puedo notar cuando alguien se siente intrigado por mí.

Ella levantó una ceja, retadora.

—¿Intrigada? Puede que solo esté interesada en el coche.

Él se encogió de hombros, volviendo a concentrarse en su trabajo.

—El Camaro tiene su propio encanto, pero tú también lo tienes —respondió con sinceridad, sin apartar la vista del motor.

Ella sintió un ligero rubor en sus mejillas y se dio cuenta de que disfrutaba más de esta conversación de lo que había anticipado. Mientras él seguía trabajando, no pudo evitar curiosear un poco más sobre el coche.

—¿Qué le pasa exactamente? —preguntó, mirando las herramientas esparcidas a su alrededor—. ¿Lo estás restaurando?

Él asintió, su voz llena de pasión al hablar del auto.

—Sí, lo encontré en un taller abandonado hace unos meses. Era un desastre total, pero vi el potencial. Ahora estoy tratando de devolverle la vida.

Ella lo observó con admiración mientras él hablaba. Había algo atractivo en su dedicación y en la forma en que sus ojos brillaban al describir su proyecto.

—Me encantaría ayudarte —dijo de repente, sorprendiendo incluso a sí misma con la propuesta.

Él levantó la mirada, sorprendido.

—¿En serio? No muchas chicas se ofrecen a ensuciarse las manos con aceite y herramientas.

—Quizás no hay muchas chicas como yo —respondió ella con una sonrisa traviesa—. Pero me gusta aprender cosas nuevas. 

Con una chispa de complicidad en el aire, él le pasó otra herramienta. 

—Entonces, ¿qué quieres hacer primero? 

Ella pensó por un momento antes de responder:

—Podríamos empezar por limpiar este motor. Quiero ver cómo brilla al final.

Mientras trabajaban juntos, compartieron risas y anécdotas sobre sus vidas. Ella le contó sobre su amor por las motocicletas y él reveló su sueño de participar en una carrera de autos algún día. La conexión entre ellos creció más fuerte con cada palabra intercambiada.

De repente, mientras estaban absortos en su tarea, escucharon un ruido fuerte proveniente de la calle. Ambos miraron hacia afuera y vieron a un grupo de chicos riendo y señalando hacia ellos.

—Oh no —dijo ella con una mezcla de preocupación y diversión—. ¿Crees que nos están mirando?

Él frunció el ceño antes de soltar una risa despreocupada.

—No importa lo que piensen. Estoy disfrutando este momento contigo más que cualquier cosa que puedan decir.

Ella sonrió al escuchar eso y sintió que el día se tornaba aún más especial. La conexión que habían forjado durante esta inesperada tarde bajo el sol era innegable. 

Continuará...

M. D. Álvarez 

jueves, 12 de febrero de 2026

Campaña bélica.

Su nuevo comienzo fue el resultado de la propaganda bélica. Se alistó en las fuerzas especiales con el único motivo de proteger a su familia de los corpúsculos aberrantes del sistema caducado en el que vivían. 

Sus primeras órdenes lo llevaron al otro lado del mundo, donde la particular organización mafiosa del país decadente de turno llevaba a cabo terribles experimentos. Sus órdenes eran destruir el laboratorio y robar todos los informes de los experimentos realizados.

Él era tan solo un mandado, la punta de flecha que debía destruir a los enemigos del poder. 

A su regreso a casa, fue recibido como un héroe, aunque él no se sentía como tal; había cometido los peores actos con aquellas criaturas que no tenían culpa de nada, tan solo de ser objeto de experimentación.

M. D. Álvarez 

miércoles, 11 de febrero de 2026

El dragón y la unicornia.

En un rincón escondido del bosque, donde las flores cantaban con el viento y el sol pintaba el cielo de colores mágicos, vivían dos amigos muy especiales: Sven, el pequeño dragón de escamas doradas y alas púrpuras, y Elora, la unicornia bebé de melena azul y cuerno brillante.

Desde que se conocieron, su amistad creció como las flores que los rodeaban, llena de risas, aventuras y sueños compartidos. Cada mañana, se encontraban en el prado floreado para explorar juntos los secretos del bosque. Sven, con su fuego cálido y protector, cuidaba de Elora, mientras que Elora, con su magia pura y luz, iluminaba el camino cuando el sol se escondía.

Un día, mientras jugaban a esconderse entre las flores, descubrieron un sendero oculto que nunca antes habían visto. Decidieron seguirlo, guiados por la curiosidad y la emoción. El camino los llevó a un claro donde el arcoíris tocaba la tierra y un antiguo árbol susurraba historias olvidadas.

Allí, comprendieron que su amistad era un puente entre mundos distintos, una magia tan poderosa que podía traer armonía a todo el bosque. Con un brillo en sus ojos y un corazón lleno de esperanza, Sven y Elora prometieron proteger ese lugar especial y mantener viva la magia de su amistad para siempre.

Y así, bajo el cielo azul y el manto de flores cantoras, el dragón y la unicornia enseñaron a todos que la verdadera magia nace del cariño y la unión entre los seres más diferentes.

M. D.  Álvarez 

martes, 10 de febrero de 2026

Lengua animal.

Había descubierto una salida, pero estaba muy débil para poder huir. Solo podía hacer una cosa: filtrar por conductos ajenos a sus torturadores un mensaje. Se quitó el anillo de titanio que ella le regaló y, utilizando la lengua de la tierra, llamó a uno de sus hijos. 

Una pequeña ratita surgió por un agujero y se acercó a él, que extendió su mano izquierda. La pequeña criaturita se subió a su mano y lo miró con curiosidad. Él le colocó el anillo alrededor del cuello y le dijo en su lengua animal: "Ve en busca de mi amada y entrégale este anillo; ella te seguirá hasta mí". Le dio parte de la comida que sus carceleros le traían de vez en cuando. 

La pequeña ratita tomó un bocado y salió disparada por el agujero, fue en pos de la joven a la que debía entregar aquel anillo. 

Pasados dos días, el roedor encontró a la joven. Estaba acompañada de dos jóvenes que, al ver al roedor acercarse, quisieron aplastarlo, pero ella se percató del anillo que llevaba al cuello y los detuvo. .

"¿Qué tienes ahí, pequeña?" dijo ella, como si el roedor la comprendiera. Extendió su mano y se subió. Ella cogió el anillo y supo que él estaba en peligro. Dejando al pequeño roedor en el suelo, se dio cuenta de que debía seguirlo. 

El roedor la llevó a unos enigmáticos túneles en la selva. Se adentraron y descubrieron la base secreta donde lo torturaban sin piedad. Aprovecharon el cambio de guardia mientras ella le entregaba el anillo, diciéndole: "Ve y entrégaselo".

El roedor corrió por la base hasta la celda donde él sobrevivía malamente. Al ver a la pequeña ranita que traía su anillo, la cogió con sumo cuidado. El roedor, en su lengua animal, le dijo que sus amigos estaban al caer. 

Él guardaba una chocolatina y se la dio al roedor, que, viendo el gran corazón que aquel joven tenía, se quedó junto a él hasta que fue rescatado por sus amigos. Solo después de verlo a salvo, aceptó la deliciosa chocolatina.

M. D. Álvarez 

lunes, 9 de febrero de 2026

Un comienzo.

Hubo una vez, en los tiempos antiguos, cuando el sol abrasaba la joven tierra, que no podía protegerse de los abrasadores rayos del astro rey. La joven y primigenia tierra comenzó a evolucionar, creando de su abrasada corteza la primera especie de árbol ignífugo, que debía resistir los destructores rayos del joven sol. La primera especie de árbol arcaico, archaic aleppo abiete, cubrió la totalidad de la superficie de su amada madre, atrayendo meteoritos cargados de hielo estelar, que, con su llegada, aliviaron la todavía joven corteza de la tierra. 

Tal cantidad de meteoritos de frío hielo se posó sobre la hermosa y joven tierra que comenzaron a surgir océanos por doquier. La joven tierra, preñada de un áureo rayo de sol, tuvo dolores de parto y comenzó a convulsionar, haciendo que su noble corteza se alzara sobre las prístinas aguas. Sus valles se llenaron de nuevas especies de árboles que colonizaron sus mansos prados cubiertos por un manto de hierba azul.. 

Cuando la joven Tierra dejó de sentir los abrasadores rayos del sol, que por piedad menguó su ardor, sus primeras criaturas comenzaron a surgir de los vastos mares que circundaban su casi totalidad, haciendo brotar altos montes y mansos valles donde adorables criaturas pastaban juntas, por donde antes no había nada. Inmensas junglas fluían cuán marea viviente por valles y hondonadas, todo ello lleno de vida que pululaba por doquier. 

Allí donde la noble tierra alzaba su vista, crecían y nacían nuevas criaturas que adoraban a su progenitora. Hasta que llegamos nosotros, sus últimos hijos belicosos, que en vez de cuidar de ella, la herimos hoyando su sagrado cuerpo. Ella, pacientemente, va fraguando su venganza sobre nosotros, sus últimos hijos.

M. D. Álvarez 

domingo, 8 de febrero de 2026

Bajo el peso del silencio. 2da

Un par de noches después, Arthur se vistió de camuflaje y se pintó la cara con betún. Se ocultó bajo el porche del general y esperó a que el general volviera. Esperó un tiempo prudencial y se coló en la vivienda. Estaba a oscuras y en la habitación del fondo se oían ronquidos. Desembainó su bowie, dejó inconsciente al general y grabó en su frente la palabra "VIOLADOR". Había constatado que Angie no había sido la única; había abusado de otros cinco soldados. 

Después de aquella marca imborrable, no hubo ningún ataque más. El general fue destituido de su rango con deshonor..

Angie supo enseguida que Arthur había actuado llevando la justicia a su manera. En las siguientes maniobras, ella estaba como un clavo esperando sus órdenes. Al terminar las maniobras, ella se acercó cuidadosamente y le dio las gracias.

"No se merecen, era lo mínimo que podía hacer por ti, y más después de enterarme de que había violado a otras cinco soldados," dijo él cortésmente. "Te puedo invitar a cenar," preguntó ella tímidamente. "Sí, claro, pero fuera de la base," refirió él. "Te espero a las 20 en el restaurante Disfrutar," dijo ella sonriendo.. 

En cuanto la vio llegar, le dio un vuelco al corazón; estaba preciosa con aquel hermoso vestido rosa que realzaba su hermosa figura.

—Estás preciosa, Angie —dijo él, besándole la mano.

—¿Ya saben qué van a tomar? —preguntó el camarero.

—La especialidad del chef con maridaje al gusto del sommelier —dijo ella con visible emoción.

—Arthur, no sé cómo decirte esto, pero te va a sonar extraño. Sé que sientes algo por mí y quiero decirte que yo también siento algo muy profundo por ti. Sé que por tu rango no se te permite confraternizar con los soldados, pero necesitaba decirte que... te quiero.

Arthur asistía atónito a la confesión de ella. Cogió la copa en la que el sommelier había servido un Gaja Barbaresco, tomó un sorbo y percibió su sabor intenso y complejo, que en nariz ofrece notas de frutas maduras, dulces y recuerdos florales y especiados, acompañados por un bouquet balsámico. Aprobó la elección, alzó la copa y brindó.

—Por nosotros, que nada nos detenga, dijo con  una amplia sonrisa.

M. D. Álvarez 

sábado, 7 de febrero de 2026

Bajo el peso del silencio.

Siempre estaba para ella; la consideraba más que una amiga, pero nunca se había atrevido a decirle lo que sentía. No podía tener una relación con ella, y menos siendo su superior. Una mañana, en una de las maniobras, ella no llegó al toque de diana. Él se preocupó; cuando terminaron las maniobras, la buscó en los barracones y la encontró saliendo de la prefectura. Su cara no auguraba nada bueno.

—Hola, Angie, te perdiste el toque de diana. ¿Estás bien? —preguntó él, intuyendo que algo había pasado.  

—Mi comandante, no, señor, estoy bien —dijo ella, cuadrándose y saludando marcialmente.  

—Déjate de rangos y de saludos, Angie. Tú no estás bien, acompáñame —respondió él, llevándola a la cafetería.  La sentó en una silla y pidió un té de jazmín; sabía que era su favorito. Él se pidió un café..

—"Ahora me vas a decir qué ocurre", —preguntó con cautela. —"Te he visto salir de prefectura y no tenías buena cara. ¿Qué ocurre? Ya sabes que siempre estoy a tu lado".

—"Lo sé, Arthur, pero esto no creo que lo puedas solucionar" —dijo, ocultando su rostro entre sus manos—. 

—"Puedes pedirme lo que sea, te quiero" —dijo, sujetando sus manos entre las suyas.

Ella lo miró un poco más tranquila. Entre sollozos, le confesó que había sido violada por un general.

Él sintió cómo le hervía la sangre y, con toda la calma de la que fue capaz, le preguntó: —"¿Quién?".

—"Mackinling "—refirió ella, con el rostro oculto entre sus manos.

Continuará...

M. D. Álvarez 

viernes, 6 de febrero de 2026

La unión de dos especies. 2da parte

Los días se convirtieron en semanas, y Luno creció rodeado del amor de sus padres y la magia del bosque. Cada mañana, despertaba con la luz del sol filtrándose a través de las hojas, y su corazón palpitaba con emoción por las nuevas aventuras que le aguardaban. Su madre le enseñaba sobre las plantas y los animales, mientras su padre le mostraba cómo moverse silenciosamente entre los árboles, como un verdadero licántropo.

Un día, mientras exploraba un nuevo sendero, Luno escuchó un extraño murmullo que provenía de una cueva oculta entre las rocas. Intrigado, se acercó sigilosamente y asomó la cabeza por la entrada. Allí, encontró a un grupo de criaturas del bosque que parecían estar en apuros. Eran pequeños duendes con alas frágiles que intentaban liberar a uno de ellos atrapado bajo una piedra.

—¡Ayuda! —gritó el duende atrapado—. No puedo salir sin ayuda.

Luno sintió una oleada de valentía recorrer su cuerpo. Recordando las palabras de Seraphina sobre el poder del amor y la valentía, se acercó sin dudar.

—¡No te preocupes! —dijo Luno—. Voy a ayudarte.

Con todas sus fuerzas, empujó la piedra hasta que finalmente se movió lo suficiente para liberar al duende. Los demás duendes vitorearon y aplaudieron su valentía.

—Eres muy fuerte y valiente, pequeño lobito —dijo el duende liberado, agradecido—. Te debemos nuestra libertad.

Luno sonrió, sintiéndose orgulloso. 

—Solo hice lo que cualquier amigo haría —respondió modestamente.

Los duendes, agradecidos por la ayuda de Luno, le ofrecieron un regalo especial: unas pequeñas piedras brillantes que capturaban la luz del sol y el reflejo de la luna.

—Estas son piedras de luz —explicaron—. Te ayudarán a encontrar el camino en la oscuridad y a protegerte en tus aventuras. Recuerda siempre que el verdadero poder está en tu corazón.

Con las piedras en su poder, Luno regresó a casa lleno de alegría y emoción. Al llegar, encontró a sus padres esperándolo con preocupación.

—¡Estábamos tan preocupados! —exclamó su madre—. Te extrañamos mucho.

Luno les mostró las piedras brillantes y les relató su aventura con los duendes. Sus padres escucharon con asombro y orgullo al mismo tiempo.

—Eres un verdadero héroe —dijo su padre abrazándolo—. Y esto es solo el comienzo de tus aventuras.

Esa noche, mientras miraba las estrellas desde su ventana, Luno sintió que algo grande estaba por venir. Con cada nuevo día, se daba cuenta de que no solo era un lobito; era parte de algo mucho más grande: una historia llena de magia, amor y valentía que apenas comenzaba a escribirse.

M. D. Álvarez 

jueves, 5 de febrero de 2026

La unión de dos especies.

Frente a aquel caudaloso río nació el más dulce retoño, engendrado por un hermoso licántropo y la más dulce y noble doncella. Acompañada de su férreo amante, dio a luz a su hermoso bebé, un lindo lobito de ojos azules y férrea determinación. Ella lo cogió con dulzura y lo amamantó, mientras su amado jugueteaba con el tierno rizo de su benjamín. El chiquitín asió la garra de su padre con firmeza y no parecía querer soltarlo. Su padre, sorprendido por la fuerza de su recién nacido príncipe, colocó su gran garra sobre su tierna cabecita, augurándole un gran reinado.

A medida que los días pasaban, el pequeño lobito creció rodeado de amor y aventuras. Su madre, con su dulzura infinita, le enseñaba sobre las maravillas del mundo que lo rodeaba: el murmullo del río, el canto de los pájaros y la danza de las hojas al viento. Su padre, con su fuerza y sabiduría, le mostraba los secretos del bosque, donde cada sombra escondía un misterio y cada rayo de sol iluminaba la belleza de la naturaleza.

El pequeño, al que llamaron Luno por el brillo especial en sus ojos azules, era curioso y valiente. Un día decidió aventurarse más allá de los límites seguros de su hogar. Con paso firme y corazón palpitante, se adentró en el bosque, sintiendo la emoción burbujear en su interior.

Mientras exploraba, Luno encontró un claro bañado por la luz del sol. En el centro, había un lago cristalino que reflejaba el cielo azul. Al acercarse al agua, vio su propio reflejo: un pequeño lobito con pelaje dorado que brillaba como el oro. Pero lo que más le llamó la atención fue una figura etérea que danzaba sobre las aguas. Era una criatura mágica, con alas iridiscentes que parecían hechas de luz.

—¡Hola, pequeño! —saludó la criatura con una voz melodiosa—. Soy Seraphina, guardiana de este bosque. He estado observándote y siento que tienes un gran destino por delante.

Luno se sintió intrigado y un poco asustado a la vez.

—¿Un gran destino? —preguntó él—. Solo soy un lobito.

Seraphina sonrió con ternura.

—Precisamente por eso. Tu corazón es puro y valiente. Tienes la capacidad de cambiar el curso de muchas vidas si te atreves a seguir tu camino. Pero recuerda siempre: el amor es tu mayor poder.

Inspirado por sus palabras, Luno decidió regresar a casa para contarles a sus padres sobre su encuentro mágico. No solo era un lobito; era parte de algo más grande, algo lleno de promesas y aventuras.

A partir de aquel día, Luno se comprometió a explorar no solo el mundo exterior sino también los misterios que habitaban dentro de él. Con cada paso que daba al lado de su madre y su padre, sabía que estaba uniendo sus fuerzas para forjar su propio destino.

Continuará...

M. D. Álvarez 


miércoles, 4 de febrero de 2026

Un imperio desconocido.

Aquel imperio cayó en el olvido cuando se descubrió una cripta subterránea en la que se escondían las atrocidades que aquel sátrapa había cometido con su pueblo. Los había matado de hambre y torturado en celdas repletas de cadáveres. 

Ella descubrió los desmanes de su emperador al encontrar a su prometido atado como a un perro y ofrecido en sacrificio al dios más aterrador, Khurthon, dios de los infiernos. 

Cada día eran inmolados cuatro aguerridos jóvenes, y aquel día su prometido era uno de aquellos jóvenes a los que ofrecerían en sacrificio. Ella suplicó por su vida y el soberano, viendo lo bella y deseosa que era, le propuso una reunión privada donde le ofrecería la vida de su prometido a cambio de algo... Ella sabía que el soberano era un salvaje, pero amaba con desesperación a su pareja y accedió a verse con el villano.

Aquel salvaje la forzó brutalmente, tras lo cual cumplió su promesa y le entregó a su compañero, a quien no pudo ocultar lo ocurrido. Él la amaba más que a su vida y se las ingenió para derrocar, destrozar y defenestrar al más brutal y salvaje de los reyes de aquel imperio del que no ha quedado constancia ni siquiera en los libros de historia.

M. D. Álvarez 

martes, 3 de febrero de 2026

De cordero a lobo.

De por sí, era de buen carácter; si se sabía cómo tratarlo, era tierno y dulce. Pero si veía algo que no estaba bien, entonces será mejor que corráis, pues también tiene su lado salvaje. Y creedme cuando os digo que es mejor quitarse de en medio si no queréis salir mal parados.

Aquel día, él era especialmente tierno con ella, lo que se dice un tierno corderito, pero algo le llamó la atención: su oído hiperdesarrollado captó una señal de auxilio; al parecer, unos vándalos trataban de abusar de una encantadora señorita.

"¿Me disculpas un momento?" le dijo suavemente. Y salió disparado hacia el lugar de los hechos. 

Su cuerpo había empezado a experimentar unos cambios morfológicos: sus manos se habían convertido en aterradoras garras, sus piernas eran auténticos resortes musculados, su torso espectacular y su rostro del más puro furor lobuno. 

Pobres incautos no sabían lo que se les venía encima: una fiera de más de 200 kilos de puro músculo y casi dos metros de altura que no atendía a razones, sino a hechos. 

Lo que aquellos salvajes estaban a punto de hacer no estaba bien; no se lo consentiría. Alejó a la jovencita y se encaró con aquellos vellacos que, por lo visto, no sabían que tenían que salir corriendo en cuanto lo vieron aparecer. 

Me ahorraré las escenas gore y os diré que no dejó ni uno con vida. Una vez resuelto el conflicto, volvió junto a su amada, quien había tejido una guirnalda de flores que colocó alrededor de la adorada cabeza de su manso corderito.

M. D. Álvarez 

lunes, 2 de febrero de 2026

El hambre de la luna.

Él era el primero en levantarse, pero últimamente llegaba tarde a todas partes y nadie lograba sonsacarle el motivo.

El cambio no fue drástico, sino una erosión lenta. Marcus, el hombre cuyo despertador biológico parecía ajustado al primer rayo de sol, empezó a perderle el pulso al reloj. Primero fueron diez minutos, luego una hora, hasta que las disculpas en el trabajo se convirtieron en silencios hoscos.

​Cuando sus amigos le preguntaban qué pasaba, él simplemente se rascaba el cuello —donde la piel empezaba a verse extrañamente grisácea— y desviaba la mirada.

​Una noche, su hermano decidió que ya era suficiente y usó su copia de la llave para entrar en el apartamento. El aire pesaba; olía a humedad estancada y a algo dulzón, como fruta podrida en el fondo de un cajón.
​Lo encontró en el dormitorio, pero Marcus no estaba durmiendo. Estaba de pie frente al espejo, completamente rígido.

​—Marcus... ¿qué es esto? —susurró su hermano, estirando la mano.

​Marcus giró la cabeza. El movimiento fue demasiado amplio, un giro de 180° que hizo crujir sus vértebras como ramas secas. Sus ojos eran ahora dos pozos de aceite negro.

​—No llego tarde —dijo con una voz que parecía vibrar en los huesos de quien la escuchaba—. Es que el tiempo aquí afuera corre demasiado rápido... y a ella le gusta saborear cada segundo antes de dejarme salir.

Steven retrocedió hasta chocar con el marco de la puerta. El crujido del cuello de su hermano no había sido accidental; era el sonido de una anatomía reescribiéndose.
​—¿A ella? —logró articular Steve, con el pulso martilleando en sus sienes—. ¿De quién hablas, Marcus?

​Marcus no respondió con palabras. En su lugar, empezó a desabotonarse la camisa con una lentitud exasperante. Bajo la tela, la piel grisácea no era solo color: era una textura rugosa, similar al cuero viejo, que ondulaba como si algo hirviera debajo.
​—La Luna no es una luz, Steven... es un hambre —susurró Marcus.

​De repente, los músculos de su espalda se tensaron y estallaron. No hubo el aullido cinematográfico que Steven esperaba, sino un siseo húmedo. Los huesos de Marcus comenzaron a alargarse, rompiéndose y soldándose en ángulos imposibles en cuestión de segundos, aunque para Marcus parecía estar pasando una eternidad de agonía deliciosa.

Marcus cayó a cuatro patas. Su rostro se proyectó hacia adelante, el maxilar se desencajó y se extendió en un hocico negro y brillante. Los ojos de aceite negro se clavaron en Steven. Ya no había rastro de su hermano, solo una masa de músculo plateado y garras que arañaban el parqué, dejando surcos profundos.

​—Por eso... llego... tarde —gruñó la bestia, cuya voz ahora era un coro de mil lobos—. Porque un minuto de tu vida... son mil años de mi banquete.

​La bestia saltó. Pero no fue un ataque rápido. Steven vio, con horror absoluto, cómo el aire alrededor de la criatura se volvía denso, como si el espacio-tiempo se curvara para darle paso. Marcus flotaba en el aire, acercándose con una parsimonia depredadora, saboreando el terror en el rostro de su hermano, estirando ese segundo de miedo hasta convertirlo en una eternidad de pesadilla.

​Steven comprendió entonces por qué Marcus se rascaba el cuello: no era irritación, era el deseo de la bestia por romper la crisálida de carne humana.

M. D. Álvarez 

domingo, 1 de febrero de 2026

Sus lágrimas.

No podía verla llorar, y menos por aquellos desalmados. Lo había empotrado con un tanque de ochocientos kilos, pero al oírla llorar, algo en su interior se activó. Apartó el tanque, sacando su bestia interior a pasear. Se desembarazó de aquel vehículo pesado de un plumazo y se encaró con aquellos brutos, que, al ver el tamaño de aquella bestia, salieron corriendo.

Ella adoraba cuando él se ponía brutote y se acercó dulcemente mientras se secaba las lágrimas y rascaba suavemente su barbilla, mientras él la cogía por la cintura y lamía suavemente sus mejillas. Tal era la devoción que sentía por ella.

Ella sonrió entre lágrimas, sintiendo cómo la calidez de su abrazo la envolvía. La fuerza que él había desplegado para protegerla la hacía sentir segura, como si el mundo exterior pudiera desmoronarse, pero mientras estuvieran juntos, todo estaría bien.

—¿Quiénes eran? —preguntó ella, apartándose un poco para mirarlo a los ojos. Su expresión era una mezcla de preocupación y admiración.

—No lo sé, pero no volverán a acercarse —respondió él, su voz grave resonando con determinación. La furia que había sentido aún ardía en su interior, pero ahora estaba más centrado en ella. —¿Estás bien?

Ella asintió lentamente, sintiendo la adrenalina disminuir. Sabía que él haría lo que fuera necesario para mantenerla a salvo. Sin embargo, también había algo más que pesaba en su corazón.

—No quiero que te lastimen por mi culpa. No vale la pena arriesgarte —dijo ella, con un tono de súplica en su voz.

Él frunció el ceño, sintiendo cómo la preocupación se transformaba en una necesidad imperiosa de protegerla aún más. 

—Eres lo único que realmente importa para mí. Si no te cuido a ti, no tengo nada —declaró, acercándose más y colocando su frente contra la suya.

—Debemos pensar en un plan —dijo ella, rompiendo el silencio tenso entre ellos. —Si están dispuestos a atacarte así, podrían volver.

Él asintió, comprendiendo que no podían dejarse llevar solo por el amor y la devoción; necesitaban ser astutos también. 

—Juntos podemos hacerlo —respondió ella con firmeza, sintiendo cómo la esperanza comenzaba a florecer nuevamente en su pecho.

M. D.Álvarez