martes, 31 de diciembre de 2024

La hierba alta.

Tras haber logrado huir de aquella bestia asesina, volvió con cuidado a la hierba alta donde había dejado ocultos a sus pequeños, que esperaban aterrorizados sin moverse.

En aquel momento, ni se había percatado de la herida que le había hecho aquella cruel criatura; lo percibió cuando se recostó para amamantar a sus bebés. Una punzada de dolor la atravesó de parte a parte.

Tenía que encontrar otro lugar donde ocultar a sus pequeños. Cuando sus chiquitines terminaron de alimentarse, se levantó e hizo que la siguieran. Caminaron dos horas por entre la hierba alta y divisó un gran peñasco con oquedades donde poder descansar y tal vez instalarse.

Cuando llevaban dos meses, oyeron un bramido aterrador; la criatura había vuelto a cobrarse su pieza y no podía permitir que encontrara a sus pequeños; por suerte, ya comían solos. Así que se encaminó a su destino. La fiera la esperaba fuera de la hierba alta, fue misericordiosa y terminó con su dolor: de un certero mordisco le destrozó la tráquea.

M. D. Álvarez

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