martes, 10 de diciembre de 2024

Estrella joven.

Bajo un sol abrasador, donde no había dónde cobijarse, él la protegía con su cuerpo, mientras él se abrasaba bajo las inclemencias de aquella estrella recién nacida. Estaba en plena ebullición, él con sus cuatro metros de envergadura producía la suficiente sombra para cobijarla a ella. Por la noche, era ella quien cuidaba de sus quemaduras; aquel planeta inhóspito los había puesto juntos para probar la resistencia de ambos.

Su amor era resistente, no dejaría que aquella inmisericorde estrella la abrasara viva. Ella calmaría sus quemaduras y le daría fuerzas para continuar su periplo por aquel joven planeta. Un día, cuando él estaba al límite de sus fuerzas, encontraron una pequeña gruta. 

Ella la inspeccionó y vio que era segura, luego lo ayudó a tenderse de espaldas para curar sus graves quemaduras que cubrían su ancha espalda. Ella estaba preocupada por su compañero, sin él estaba perdida. Los rayos de la joven estrella eran abrasadores de por sí, pero lo peor de todo era la radiación que iba minando la fortaleza de su compañero, al que adoraba y amaba. 

En aquella cueva se obró un milagro: ella exploró la gruta mientras él se recuperaba, para saber si tenía otra salida, pero descubrió un mundo interior que les proporcionaría la seguridad y estabilidad que necesitaban. Ahora era ella quien lo guiaba a través de los recovecos y galerías.

M. D. Álvarez 

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