Amanecía un nuevo día y un nuevo orden se levantaba en el horizonte, un orden que pretendía acabar con la ilusión y la alegría de aquellas pequeñas criaturas que hasta aquel amanecer habían disfrutado de un mundo libre de yugos. Pero aquellos tiempos acabaron con la llegada del nuevo orden que los esclavizó, sometiéndolos a torturas horrendas.
¿Estaba todo perdido? Quizás no, pues desde poniente llegaba un resplandor cegador que rivalizaba con el sol al amanecer. La reina de las criaturas había oído que un gran invasor trataba de esclavizar a sus amadas criaturas. El orden se abalanzó sobre ella, pero su luz era mucho más intensa que la del sol. Su luz los cegó y los evaporó en un suspiro, alejando la presión de aquel nuevo orden de sus amadas criaturas.
M. D. Álvarez
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