Hasta que un buen día, mientras él disfrutaba del baile de las mariposas que danzaban ante sus ojos, la criatura más hermosa y maravillosa se le acercó y puso su mano cálida sobre su hombro, diciéndole:
"Veo tu dolor por no tener a nadie en tu vida. Sé que tienes un corazón noble e íntegro. Me gustaría ser tu compañera, si me aceptas.
¿No te asusta mi aspecto, bella criatura?" inquirió él taciturno.
"Tu hermosura radica en tu interior. Eres grande, fuerte, y desearía que me aceptaras como tu compañera", continuó ella.
Él se giró y la abrazó tiernamente. "Seré tu compañero fiel, siempre a tu lado. Pasearemos por mis dominios y nadie se volverá a burlar de mí."
M. D.Álvarez
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