Aquella mansión se encontraba en un páramo aislado de todo. No había ningún alma en los alrededores, pero era el único refugio que tenían. La tormenta apreciaba empapándolos a los tres viajeros: un auténtico boy scout acompañado de dos de sus mejores amigos.
Habían llegado a las coordenadas que les habían mandado. Allí estaba la más siniestra y aterradora de las mansiones, completamente a oscuras pero con un brillo fantasmagórico. Sus dos amigos no las tenían todas consigo, no sabían lo que se podrían encontrar dentro.
"No me digáis que tenéis miedo", preguntó él con gesto de disgusto, "nos las hemos visto en peores situaciones". Abrió la puerta que chirrió quejumbrosamente, un trueno iluminó la entrada formando dantescas imágenes. Él accionó el interruptor de la luz y, milagro, funcionaba: la luz se hizo e iluminó un espacioso hall lleno de esculturas, cuadros, polvo y telarañas. "Veis, no hay nada que temer", terció él.
En el centro del hall había una gigantesca escalera victoriana que llevaba al segundo piso. Se encaminó sin titubear y subió las escaleras hasta la segunda planta. Se adentró en la primera habitación y descubrió un hermoso cuarto de una bella dama de ojos verdes y cabello ensortijado. "Ojalá te hubiera conocido antes", susurró para sí.
Algo lo debió de oír, pues se sintió transportado a aquel enigmático cuadro donde la bella dama posaba sometiendo a aquel gran hombre lobo. Se dio cuenta de que había sido atraído a una trampa, pero por ella bien podía ser atrapado; solo necesitaba su contacto, un leve roce de su dulce mano lo sacaría de aquel lugar lleno de añoranza.
Ella debió de percibir su dolor, pues alzó la mano para detener al cazador que iba a abatir a aquel ejemplar de licántropo dorado. Acercó dulcemente su mano sobre su magna cabeza y lo que pasó es que fueron los dos transportados a la habitación donde ahora el cuadro posaba, sorprendiendo al cazador..
Ella, sorprendida al verse fuera del cuadro al girarse, esperó ver al imponente hombre lobo, pero se encontró con aquel aguerrido joven que la había sacado de su encierro. "Llevo tiempo buscándote, mi vida", dijo él visiblemente emocionado. Ella pareció no reconocerlo, pero sus ojos le decían que él la amaba desde los confines del tiempo. La perdió en un enfrentamiento cuando un portal la atrapó.
El bago por portales adyacentes buscando a su amada no cesó de buscarla hasta que percibió un susurro en el viento, se detuvo y escuchó el leve arrullo con el que ella lo calmaba. Estaba cerca, la buscó y la encontró en aquella gran mansión.
Ella lo recordó todo y lo abrazó con ternura y amor. Había crecido como hombre y compañero y no había dejado de buscarla. Ahora volvían a ser un solo corazón.
Sus compañeros lo esperaban al pie de la gran escalera y se quedaron boquiabiertos ante la belleza de la dama. "Os presento a mi novia, Dana", dijo al pie de las escaleras, "ya podéis cerrar la boca".
M. D. Álvarez
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