—¿Quién eres? —preguntó ella, rompiendo el silencio.
Él sonrió, sin dejar de mirar al horizonte. Sus ojos eran de un azul intenso, como el cielo en pleno verano.
—Soy un viajero —respondió—. Busco la energía del sol para seguir mi camino.
La joven se sentó en una roca cercana, intrigada por aquel misterioso hombre. ¿Cómo podía estar tan tranquilo, desnudo frente a ella?
—¿Un viajero? —repitió—. ¿De dónde vienes?
Él se volvió hacia ella, y su mirada la atrapó. Parecía leer sus pensamientos.
—De un lugar lejano —dijo—. Un mundo donde la luz y la oscuridad luchan eternamente. Mi misión es encontrar el equilibrio.
La joven no entendía del todo sus palabras, pero algo en ellas la conmovió. Tal vez era la soledad en su voz o la determinación en su mirada.
—¿Y qué buscas aquí? —preguntó ella.
El hombre señaló el horizonte, donde el sol comenzaba a ascender.
—La respuesta está en el amanecer —dijo—. Cuando la luz y la oscuridad se encuentran, todo es posible.
La joven sintió un escalofrío. ¿Qué secreto guardaba aquel hombre? ¿Y por qué había aparecido justo en ese momento?
M. D. Álvarez
No hay comentarios:
Publicar un comentario