jueves, 19 de diciembre de 2024

Los primeros rayos de sol. 2da parte

La joven, aún ruborizada, no pudo apartar la mirada del hombre desnudo sobre el peñasco. Sus ojos recorrieron cada centímetro de su piel, desde los hombros anchos hasta las piernas musculosas. El sol acariciaba su cuerpo, y ella sintió una extraña conexión con él.

—¿Quién eres? —preguntó ella, rompiendo el silencio.

Él sonrió, sin dejar de mirar al horizonte. Sus ojos eran de un azul intenso, como el cielo en pleno verano.

—Soy un viajero —respondió—. Busco la energía del sol para seguir mi camino.

La joven se sentó en una roca cercana, intrigada por aquel misterioso hombre. ¿Cómo podía estar tan tranquilo, desnudo frente a ella?

—¿Un viajero? —repitió—. ¿De dónde vienes?

Él se volvió hacia ella, y su mirada la atrapó. Parecía leer sus pensamientos.

—De un lugar lejano —dijo—. Un mundo donde la luz y la oscuridad luchan eternamente. Mi misión es encontrar el equilibrio.

La joven no entendía del todo sus palabras, pero algo en ellas la conmovió. Tal vez era la soledad en su voz o la determinación en su mirada.

—¿Y qué buscas aquí? —preguntó ella.

El hombre señaló el horizonte, donde el sol comenzaba a ascender.

—La respuesta está en el amanecer —dijo—. Cuando la luz y la oscuridad se encuentran, todo es posible.

La joven sintió un escalofrío. ¿Qué secreto guardaba aquel hombre? ¿Y por qué había aparecido justo en ese momento?

M. D. Álvarez 

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