Se acababa de despertar y no reconocía la habitación en la que estaba. Sobre la mesilla de noche había un cenicero lleno de colillas meticulosamente apagadas, una botella de whisky Macallan 1926, el más caro, y un vaso medio lleno. No recordaba nada de la noche anterior; su ansiedad iba en aumento. Lo último que recordaba era una barra de bar y una preciosa pelirroja.
Tenía su cartera en el bolsillo; no le faltaba nada hasta que se miró la mano derecha: le faltaba el anillo de compromiso y, si él no podía volver, ella se daría cuenta. Puso la habitación patas arriba y no lo encontró. En cuanto se dio la vuelta, vio a aquella explosiva pelirroja que lo miraba sorprendida.
—¿Buscas esto? —le preguntó, mostrándole el anillo.
—Sí.
—Te lo devolveré si me dices qué tiene de especial ella —le dijo con media sonrisa.
—Ella es capaz de saciar mis apetitos y la amo —respondió, visiblemente contrariado.
—Pues si eso es cierto, ¿qué hacías ayer solo en la barra de un bar? —requirió con una sonrisa pícara.
Tenía que pensar y escribir mis votos, respondió enojado.
—De acuerdo, son unos votos preciosos y sinceros. He de decirte que ayer no pasó nada —le dijo con una amplia sonrisa—. Debe de ser una chica increíble y afortunada —le dijo, tendiéndole la mano para entregarle el anillo.
El sorprendido lo recogió y se despidió cortésmente.
La fue a recoger a su trabajo; no podía esperar, tenía que verla. En cuanto la vio, sintió que su corazón ardía de pasión por ella. La besó dulcemente y la invitó a comer. Quería fijar una fecha para la boda.
M. D. Álvarez
No hay comentarios:
Publicar un comentario