Su récord en apnea profunda no lo superaría nadie, y como prueba de que había alcanzado tal profundidad, se trajo un pez abisal de 90 cm, un diablo negro, para ser exactos.
Pero no estaba solo ahí abajo; a medio camino le esperaban los esbirros de sus contrincantes, que se habían desmarcado para evitar que él subiera.
No contaban con que su fortaleza física y pulmonar fuera tan superior que se deshiciera de ellos fácilmente; les quitó las bombonas de oxígeno y ellos no tuvieron más remedio que abandonar.
Al cabo de 20 minutos, surgió de un salto subiéndose a la embarcación con la marca y el pez diablo negro dentro de una bolsa de plástico transparente.
M. D. Álvarez
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