domingo, 8 de junio de 2025

El caballero.

Era todo un caballero adulador, el estereotipo de hombre galán e intrépido que toda mujer deseaba en su vida. Pero él era solo para ella y no lo compartiría con sus amigas, que lo deseaban con la mirada. 

Para eso, era su compañero de fatigas, el único que conocía sus desvelos y apetitos; conocía sus cambios de humor, sus dudas y aciertos. 

Además, sabía que a él le gustaba ella; no perdía la ocasión de ser cortés con ella, le abría las puertas, le prestaba su chaqueta cuando tenía frío, la obsequiaba con flores y detallitos varios, y la consentía en todo.

Hasta que un luminoso día, él se arrodilló delante de ella y sacó una cajita de terciopelo que abrió y dejó ver un precioso anillo. Era de su madre; lo había heredado con el único motivo de deslizarlo sobre su hermoso dedo.

"Me harías el hombre más feliz sobre la faz de la tierra si quisieras casarte conmigo", dijo él tan caballerosamente que ella no pudo menos que decir que sí.

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