Se la metió por el oído derecho, mientras en su cabeza martilleaba una voz que le decía que cuanto más se resistiera, más le dolería.
No habían contado que aquel individuo era diferente a todos, se deshizo de los grilletes y puso en fuga a aquel gigante gris y cabezón. Optaron por devolverlo a su hogar y olvidar su mera existencia.
M. D. Álvarez
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