Sus días de correrías habían acabado, pero ella le daba todo lo que necesitaba: amor, estabilidad y cordura.
Él se ocuparía de las misiones que debían realizar los dos mientras ella descansaba, ya que su embarazo era de alto riesgo.
Ella era su fuerza, y su inteligencia lo llevaba por el buen camino; mientras estuviera a su lado, no debía temer nada de nada.
Nadie se metería con ella y, mucho menos, se atrevería a tocarle un pelo, pues el mero intento conllevaría el desencadenante de una furia sin fin.
M. D. Álvarez
No hay comentarios:
Publicar un comentario