lunes, 20 de enero de 2025

Una bala por ella. 3ra parte.

Después de la cirugía, su amigo se recuperó lentamente. Pasaron semanas en el hospital, y ella estuvo a su lado todo el tiempo. Los otros dos amigos también visitaban regularmente, trayendo noticias del mundo exterior y manteniéndose alerta por si encontraban alguna pista sobre quién había disparado.

Finalmente, el día en que le dieron el alta llegó. Su amigo sonrió débilmente mientras se ponía la chaqueta.

—Gracias por estar aquí —le dijo—. No sé qué habría hecho sin ti.

Ella le dio un abrazo.

—Somos amigos, ¿verdad? Siempre estaremos aquí el uno para el otro.

Los cuatro amigos se reunieron en el apartamento de ella esa noche. Se sentaron alrededor de la mesa, con tazas de café humeante en las manos.

—Tenemos que encontrar al responsable —dijo el amigo que había llamado a la ambulancia—. No podemos dejar que se salga con la suya.

El otro amigo asintió.

—Estoy de acuerdo. Pero necesitamos pruebas. ¿Alguien vio algo esa noche?

Ella frunció el ceño.

—No, pero tal vez podamos buscar en las cámaras de seguridad cercanas. Quizás haya alguna pista.

Los cuatro amigos se sumieron en una discusión animada. Decidieron dividirse las tareas: uno buscaría en las redes sociales, otro revisaría las grabaciones de las cámaras, y ella se encargaría de hablar con los vecinos.

Días después, se reunieron nuevamente en el apartamento. Habían encontrado algunas pistas: un testigo que había visto a alguien corriendo del lugar del tiroteo, una cámara de seguridad que captó una figura sospechosa. Pero aún no tenían al culpable.

—Seguiremos buscando —dijo ella con determinación—. No descansaremos hasta que lo encontremos.

Los cuatro amigos se miraron, sabiendo que esta era solo la primera batalla en una guerra más grande. Pero estaban dispuestos a luchar juntos, por su ciudad y por la amistad que los unía.

Y así, continuaron su búsqueda, sin rendirse, sin importar los obstáculos que se interpusieran en su camino.

M. D. Álvarez 

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