jueves, 30 de enero de 2025

La persecución.

El impulso que lo movía a amarla con todo el corazón le obligaba a avanzar y perseguirla para conseguir su favor. Su furia era incontrolable cuando ella aparecía en su radar; corría tras ella y, cuando la perdía de vista, esperaba, pues sabía que ella lo buscaría para correr delante de él y hacer que la atrapase. Lo deseaba de verdad, aunque sus amigas no veían bien que se dejara coger para retozar con él.


El juego de perseguirla y ser perseguido se había convertido en su rutina favorita. Cada vez que ella se reía y lo desafiaba a atraparla, su corazón latía más rápido. 

Era como si el mundo se detuviera a su alrededor, y solo existieran ellos dos en esa danza frenética. Sin embargo, las miradas desaprobadoras de sus amigas lo hacían dudar. 

—¿No crees que deberías dejarlo? —le susurró una de ellas, frunciendo el ceño mientras observaba cómo él se acercaba.

Pero ella solo sonreía, disfrutando del momento y de la adrenalina que corría por sus venas. 

—¿Y perderme esta diversión? —respondió ella con picardía, antes de girar sobre sus talones y salir corriendo otra vez.

Él no pudo evitar reírse, sintiendo que cada carrera lo acercaba más a ella. En el fondo sabía que no podía rendirse; la emoción de atraparla era demasiado dulce como para dejarla escapar.

M. D. Álvarez 

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