Se lanzó en picado inconscientemente, pues sacó su pequeño aguijón y se lo clavó a aquel zángano que amenazaba a su reina. La pequeñita se dio cuenta de que estaba perdida, pero logró que aquel zángano no pasara de la entrada a la colmena.
Había dado su vida por su reina, que, rota de dolor por perder a su más tierna abejita, decidió atacar a la colmena rival de la que había partido el zángano asesino.
Por el valor y arrojo de su pequeña vástaga, la arengó a destruir a sus más acérrimos enemigos. Tras un arduo combate, la reina, seguida de sus guerreros, acabó con la colmena enemiga.
M. D. Álvarez
No hay comentarios:
Publicar un comentario