domingo, 5 de enero de 2025

En el bosque. 2da parte.

El hombre lobo*herido entró en la cabaña, su mirada fija en ella. La joven, sorprendida y aliviada, lo abrazó con fuerza. "¿Por qué te fuiste?" susurró, acariciando su cabello oscuro. El hombre lobo no podía hablar, pero sus ojos expresaban todo lo que sentía.

Ella lo condujo hacia la chimenea, donde el fuego crepitaba. Le ofreció un poco de carne y agua. El hombre lobo devoró la comida con ansias, sintiendo cómo su fuerza regresaba lentamente. La joven se sentó frente a él, sus ojos llenos de preguntas.

"¿Por qué te arriesgaste por mí?" preguntó ella. El hombre lobo la miró con gratitud. No había una respuesta sencilla. Su conexión era más profunda que las palabras. Habían compartido secretos, risas y noches bajo la luna. Ella era su refugio en un mundo hostil.

La joven acarició su cabeza. "No deberías haber venido. Podrían haberte matado." El hombre lobo gruñó suavemente, como si dijera: "No podía dejarte sola". Ella sonrió y se levantó. "Necesitas descansar. Mañana encontraremos una solución."

Esa noche, el hombre lobo se acurrucó junto a ella en la cama. Sus corazones latían al unísono. No importaba si estaba en forma humana o animal; ella era su ancla. Juntos, enfrentarían cualquier obstáculo.

Y así, en la cabaña del bosque, comenzó una nueva etapa de su historia. Dos almas unidas por lazos más fuertes que la razón. El hombre lobo sabía que no podía quedarse para siempre, pero mientras estuviera con ella, sería libre.

M. D. Álvarez 

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