Su territorio comprendía gran parte de las granjas de corderos, solapándose con otro territorio que no era el suyo, el cual pertenecía a un gran oso gris.
Al solaparse con otro territorio, debía andarse con cuidado; aunque era un gran lobo plateado, estaba en la flor de la vida y deseaba hacerse con el territorio de aquel gran oso gris.
Se propuso tenderle una trampa. Había un gran árbol de ramas retorcidas que atrajo al gran oso hacia él, esquivando los recovecos. Lo hizo enzarzándolo en las ramas.
Cuando lo tuvo inmovilizado, lo atacó con una gran dentellada certera en el cuello del oso, desgarrándole la tráquea y dejándolo morir. Se hizo, por fin, con un gran territorio que contenía suficiente comida para él y toda su manada.
Cuando escasearan los alimentos, irían a por los corderos de la granja, pero eso sería lo último, pues sabía cómo se las gastaba el granjero. Él eliminaría a su manada con trampas y a tiros.
M. D. Álvarez
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