lunes, 2 de diciembre de 2024

El páramo

Aquella mansión se encontraba en un páramo aislado de todo. No había ningún alma en los alrededores, pero era el único refugio que tenían. La tormenta apreciaba empapándolos a los tres viajeros: un auténtico boy scout acompañado de dos de sus mejores amigos. 

Habían llegado a las coordenadas que les habían mandado. Allí estaba la más siniestra y aterradora de las mansiones, completamente a oscuras pero con un brillo fantasmagórico. Sus dos amigos no las tenían todas consigo, no sabían lo que se podrían encontrar dentro. 

"No me digáis que tenéis miedo", preguntó él con gesto de disgusto, "nos las hemos visto en peores situaciones". Abrió la puerta que chirrió quejumbrosamente, un trueno iluminó la entrada formando dantescas imágenes. Él accionó el interruptor de la luz y, milagro, funcionaba: la luz se hizo e iluminó un espacioso hall lleno de esculturas, cuadros, polvo y telarañas. "Veis, no hay nada que temer", terció él.

En el centro del hall había una gigantesca escalera victoriana que llevaba al segundo piso. Se encaminó sin titubear y subió las escaleras hasta la segunda planta. Se adentró en la primera habitación y descubrió un hermoso cuarto de una bella dama de ojos verdes y cabello ensortijado. "Ojalá te hubiera conocido antes", susurró para sí.

Algo lo debió de oír, pues se sintió transportado a aquel enigmático cuadro donde la bella dama posaba sometiendo a aquel gran hombre lobo. Se dio cuenta de que había sido atraído a una trampa, pero por ella bien podía ser atrapado; solo necesitaba su contacto, un leve roce de su dulce mano lo sacaría de aquel lugar lleno de añoranza. 

Ella debió de percibir su dolor, pues alzó la mano para detener al cazador que iba a abatir a aquel ejemplar de licántropo dorado. Acercó dulcemente su mano sobre su magna cabeza y lo que pasó es que fueron los dos transportados a la habitación donde ahora el cuadro posaba, sorprendiendo al cazador..

Ella, sorprendida al verse fuera del cuadro al girarse, esperó ver al imponente hombre lobo, pero se encontró con aquel aguerrido joven que la había sacado de su encierro. "Llevo tiempo buscándote, mi vida", dijo él visiblemente emocionado. Ella pareció no reconocerlo, pero sus ojos le decían que él la amaba desde los confines del tiempo. La perdió en un enfrentamiento cuando un portal la atrapó.

El bago por portales adyacentes buscando a su amada no cesó de buscarla hasta que percibió un susurro en el viento, se detuvo y escuchó el leve arrullo con el que ella lo calmaba. Estaba cerca, la buscó y la encontró en aquella gran mansión.

Ella lo recordó todo y lo abrazó con ternura y amor. Había crecido como hombre y compañero y no había dejado de buscarla. Ahora volvían a ser un solo corazón.

Sus compañeros lo esperaban al pie de la gran escalera y se quedaron boquiabiertos ante la belleza de la dama. "Os presento a mi novia, Dana", dijo al pie de las escaleras, "ya podéis cerrar la boca".

M. D. Álvarez

Un nuevo portal.

A través de aquel portal interdimensional, logró ver a su compañero arder en llamas y seguir peleando para que nada cruzara al otro lado. Se aseguró de que todo su equipo cruzara sin problemas. Después, cerró el portal. Antes de hacerlo, le dijo: "Siempre te he querido y siempre te querré. Cuidaré de ti desde el otro lado". 

Se lanzó en picado contra aquel despiadado ejército. No lograron saber qué pasó después, ya que el portal se cerró. Él luchó contra todos hasta reducir a cenizas a todos los que querían atravesar el portal. Había logrado detener el ataque a su mundo, pero a un muy alto precio: no podría volver, pero al menos ellos seguirían vivos.

De pronto sintió una leve vibración en su espalda, se giró y vio cómo se formaba otro portal. Este era diferente, era un portal dorado. A través de él pudo ver a sus amigos y a ella, lo estaban llamando, pero ya casi no le quedaban fuerzas y cayó inconsciente. Cuando se despertó, estaba de nuevo en su mundo, rodeado de aquellos a los que había salvado. 

La buscó con la mirada pero no la vio; se intranquilizó temiendo lo peor. No sabía cómo lo habían sacado; sus amigos lo dejaron descansar y en la puerta estaba ella, la única a la que había confesado sus secretos más íntimos. "No podía dejarte ahí solo", dijo ella, "y menos después de lo que me dijiste".

Él la miró con aquellos ojos azules tan intensos que hacían que ella se sintiera deseada. No pudo reprimir más sus sentimientos hacia ella, la quería y no la dejaría escapar.

M. D.  Álvarez 

domingo, 1 de diciembre de 2024

Desde las alturas.

Nada escapaba a su aguileña vista. Divisó, desde su ubicación en las alturas, un corrillo de jovencitas que molestaban a una preciosa pelirroja que no quería problemas con aquellas chicas. La vio tan perdida que se apiadó de ella, descendió desde las alturas y espantó al grupo de señoritas, que corrieron asustadas por el bravo joven lobo, que con tan solo mostrar su dentadura las hizo huir despavoridas.

—¿Estás viendo? —dijo el joven lobo.

—Sí, gracias. No quería problemas con ellas —dijo ella, todavía sobrecogida por el imponente porte del joven lobo.

—Puedo acompañarte, este no es un buen barrio al anochecer —se ofreció el joven licántropo.

—¿Puedo hacerte una pregunta? —preguntó ella, quizás inquieta por curiosidad.

—Adelante, pregunta —respondió él.

—¿De dónde has salido? 

—De las alturas. Tengo una base en las nubes donde me sitúo para vigilar.

Continuará...

M. D. Álvarez 

Fuego ardiente.

Ella sabía cómo tocarlo para incentivar sus deseos. Todas las noches satisfacía sus apetitos, ya estuviera dormido o cansado. En cuanto lo veía, se ponía como una moto, y ella lo sabía y le gustaba provocarlo..

Ella disfrutaba de su poder sobre él, de cómo un simple roce de sus dedos podía encenderlo. Era un juego que ambos disfrutaban, una danza sensual que los llevaba al límite. 

La noche avanzaba entre caricias apasionadas y susurros ardientes, hasta que el alba anunciaba el final de su encuentro.
Al separarse, ella se quedaba con una sensación de satisfacción y poder. Sabía que lo tenía en la palma de su mano, que podía hacerlo perder la cabeza con solo una mirada. Y eso le gustaba. Le gustaba sentir que lo controlaba, que era dueña de su cuerpo y de sus deseos.

Sin embargo, en el fondo, también sentía una cierta inquietud. ¿Y si un día se cansaba de ella? ¿Y si encontraba a alguien que pudiera saciar sus deseos de forma más intensa? Eran preguntas que la atormentaban, pero que se las guardaba para sí misma. Por ahora, solo disfrutaba del momento, de la sensación de poder que le proporcionaba su amante.

M. D. Álvarez 

sábado, 30 de noviembre de 2024

El señor de las sombras con corazón de oro.

Los astros lo predijeron: él sería el señor de las sombras, el único capaz de dominar su negro y lúgubre corazón. 

Lo único que no previeron fue su naturaleza bondadosa y pacífica, por eso él siempre aspiró a más, añoraba la luz y el calor, pero se debía a sus orígenes, debía ser oscuro y aterrador. Sin embargo, descubrió un claro en el bosque tenebroso y allí habia una linda jovencita que entonaba una bella melodía, atrayéndolo hasta allí.

"He oído tu dolor y tu anhelo de luz y calor", le dijo la jovencita que permanecía en el centro del claro. 

"¿No me temes?", preguntó él, admirado del valor de la joven de pelo rojo. 

"Tienes un gran corazón y eres noble, ¿por qué debería temerte? Acércate, que no muerdo."

Él todavía extasiado por el cálido son de su canción avanzó con cautela. Ella le ofreció una hermosa flor que él cogió con mimo. Su aspecto debería haberte asustado.

"Sé quién eres y qué anhelas, el calor y la luz, pero tu naturaleza es oscura", dijo cogiéndole la zarpa, era un tacto cálido y tierno. "Yo te podría mostrar.las maravillas del mundo de luz y te ofrecería mi calor si me aceptas como tu esposa"

Él agachó la cabeza en señal de aceptación. Ahí comenzó su reinado de paz junto a su reina blanca, quien le mostraba todas las noches las maravillas del mundo luminoso y lo amaba con pasión desmedida.

M. D. Álvarez 

El reino prohibido.

Sentado en su trono y con su intensa mirada, era capaz de desarmar a todos los que vinieran a disputarse su reino. Su mirada acerada era capaz de paralizar y destruir a todos los ejércitos que enviaran a conquistar su reino. 

Él tenía el poder de paralizar y destruir, pero también tenía a su lado a una reina, una bella joven de ojos verdes y melena larga de color caoba. Él era un apuesto rey con cabello largo y despeinado, y unos intensos ojos azules.

La amaba desde que la vio en una de las muchas fiestas que daba su familia para buscar a la elegida para él, y ella estaba allí. Se enamoró perdidamente de ella en cuanto la vio, supo que ella sería su reina.

La que permanecía junto a él en todas sus batallas la que le daba fuerzas cuando se debilitada o lo reconfortado cuando tenía momentos de paz se amaban apasionadamente  en los momentos de calma. 

El rey, con su mirada penetrante y su cabello al viento, gobernaba con firmeza y justicia. Pero su corazón pertenecía a la reina, cuya belleza rivalizaba con la de las estrellas en el cielo nocturno. Juntos, eran una fuerza imparable, un equilibrio perfecto entre poder y amor.

En las noches tranquilas, cuando la luna brillaba sobre el castillo, el rey y la reina se encontraban en su jardín secreto. Allí, entre las rosas y los jazmines, compartían sus sueños y sus miedos. La reina le contaba historias de su infancia en los campos verdes, mientras el rey la escuchaba con atención, sus ojos azules llenos de admiración.

Pero no todo era paz en el reino. Los enemigos acechaban, y las intrigas palaciegas amenazaban con separarlos. El rey sabía que debía proteger a su reina, pero también anhelaba la calidez de su abrazo y la dulzura de sus labios.

Una noche, mientras la luna llena iluminaba el jardín, el rey se arrodilló ante la reina y le ofreció un anillo de oro con una esmeralda en el centro. “Eres mi reina”, le dijo, “y quiero que seas mi esposa para siempre”. La reina aceptó con lágrimas en los ojos, y juntos sellaron su amor con un beso apasionado.

Así comenzó una nueva era en el reino. El rey y la reina gobernaron juntos, su amor inquebrantable como un escudo contra las adversidades. Y aunque las batallas seguían, su amor era la mayor victoria de todas.

M. D.Álvarez 

Amistad duradera.

Con el semblante completamente lívido y aterrada, lo miraba con incredulidad. Su mejor amigo se estaba transformando en una criatura salvaje; su piel se estaba desgarrando y surgió en su lugar la criatura más salvaje y destructiva de todas. Pero seguía siendo su amigo, nunca la atacaría a ella; su amistad lo mantenía a raya.

Él la miró entre sorprendido y asustado, y huyó; la mirada de ella era de terror. Cuando se dio cuenta de que huía para que no lo viera tal y como era, ella lo persiguió. Sabía que era su mejor amigo y donde él fuera, ella estaría con él.

Lo alcanzó en un claro del sombrío bosque y le dijo: "Siento haberme asustado de ti. Sé que no me harías daño".

Él aún asustado, dijo: "Me asusté al ver tu reacción y huí".

Ella se acercó, acarició su denso pelaje tranquilizándolo. Estaban unidos por lazos inquebrantables, nada los separaría.

M. D.  Álvarez