miércoles, 26 de febrero de 2025

Mancha solar.

Aquel día hacía más frío de lo normal y eso que el sol estaba en todo lo alto. Ella lo notó y se estremeció de frío. Él le puso su chaqueta e instaló el telescopio. 

Fue una sorpresa; nada más enfocarlo en dirección al sol, apareció aquella gigantesca mancha solar que abarcaba un cuarto de nuestra estrella. 

Los dos se miraron perplejos; eso solo podía significar la cuenta atrás de la destrucción de la Tierra. 

Él la abrazó tiernamente, sabedor de que les quedaba poco tiempo para hacer todo lo que desearan, así que la tomó de la mano y se la llevó a los lugares favoritos de ella, donde disfrutaron de los mejores momentos antes de que los alcanzara la ola polar.

Mientras caminaban por el sendero del parque, cada rayo de sol parecía un regalo preciado. Ella recordó risas compartidas, promesas susurradas y sueños dibujados en el aire. Él se detuvo y miró su rostro, buscando grabar cada detalle en su memoria. 

—Si esto es el final, quiero que sea hermoso —dijo él, tomando su mano con fuerza.

Ella asintió, los ojos brillantes. 

Juntos, se sentaron en su banco favorito, observando el cielo. 

—Siempre serás mi sol —susurró ella.

Y así, abrazados y con corazones entrelazados, decidieron vivir esos últimos momentos como si fueran eternos, dejando que la esperanza iluminara su despedida.

M. D.  Álvarez 

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