miércoles, 19 de febrero de 2025

El claro de luna.

En aquel misterioso bosque lleno de claros, a él solo le interesaba uno, en el que había un resplandeciente estanque que, cada luna nueva, reflejaba sus rayos plateados. Allí era donde ella se bañaba desnuda. Él la deseaba desde aquella vez que la vio furtivamente, pero no se atrevió a acercarse, ya que su apariencia en las noches de luna llena era aterradora. 

Esta noche sería la primera en la que se dejaría ver con su apariencia salvaje. Ella lo descubrió y le invitó a entrar en la laguna bañada con los plateados rayos lunares. 

—¿Sabes quién soy? —le preguntó ella, acercándose al imponente licántropo. 

—Mi dueña —respondió, sumiso y cabizbajo. 

—No te avergüences de mirarme. Eres un precioso ejemplar nacido de la luna y ahora te tomo como compañero —dijo ella, besándole suavemente.

M. D. Álvarez. 

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