jueves, 20 de febrero de 2025

Hormonas hiperdesarrolladas.

Su corta estatura le había granjeado el despectivo apelativo de "bajito". Todos sus amigos habían pegado el estirón hacía tiempo, pero él todavía no. 

Su madre le dijo que no se preocupara, que él era especial; tenía una tasa de crecimiento lenta, pero cuando se desarrollara, sería un hombre apuesto y alto, cerraría las bocas de sus amigos y atraería a las chicas como moscas. 

Sin embargo, a él le gustaba una hermosa joven que se había desarrollado exuberantemente, deliciosa. El chaval comprendió que no todo es belleza y hermosura; también hay nobleza y gallardía, y a él no le faltaba ninguna de las dos. 

Así que aguardó a que su desarrollo se completara y salió al mundo, sintiendo multitud de sensaciones nuevas que recorrían su cuerpo. Sus hormonas estaban hiperdesarrolladas, al igual que su musculatura, altura e inteligencia. 

Sus amigos no lo reconocieron; es más, se enfrentaron a él cuando se iba a dirigir a la voluptuosa joven que todos deseaban, pero ninguno se había atrevido a pedirle una cita. Ella sabía quién era; sus ojos no habían cambiado, su chispa seguía refulgiendo en aquellos bellos y deliciosos ojos azules. 

Le dijo que sí, tendrían una cita, lo que dejó estupefactos a los demás, preguntándose quién era aquel gañán que disfrutaría de las mieles del triunfo con la que todos anhelaban. Él, sí, una explosión de sentimientos inigualables: adoración, deseo, placer, cordura, sensualidad y, por último, una pasión abrasadora que nacía de su gran corazón.

M. D. Álvarez 

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