Aquel hermoso insecto hoja era una verdadera joya de la naturaleza y lo sabía; iba pavoneándose por todos los rincones. Sus vivos colores lo hacían resaltar sobre las demás hojas de verde esmeralda.
Él era un insecto hoja muy especial: sus alas de un vivo color naranja, sus patas de un amarillo chillón y su cabecita de un verdadero color rojo fuego.
Tanto pavonearse, que no se percató de que era observado por un gran gibón que, relamiéndose de gusto, en cuanto pasó cerca de él, lo agarró con alevosía y se lo llevó a la boca; de dos mordiscos lo devoró. Ahí terminó la vida de aquella preciosa joya de la naturaleza, devorada por no ver por dónde iba.
M. D. Álvarez
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