miércoles, 4 de junio de 2025

Protección inquebrantable.

En su mirada se veía su preocupación; no se separó de ella hasta que fue evacuada en un helicóptero medicalizado. Él buscaría a los causantes de aquel atentado en el que había sido herida. 

Su inteligencia era superior a la media y logró descubrir a los responsables de aquella atrocidad, pero, en vez de avisar a los cuerpos especiales de seguridad, se encargó de darles una soberana paliza, destrozando su base de operaciones. 

Aquella era una de las muchas células durmientes que se habían detectado en su país. Una vez descubierto y destruido aquel comando suicida, se dirigió al hospital donde estaba ella ingresada. Se quedó a su lado hasta que despertó.

Ella abrió los ojos lentamente, parpadeando contra la luz brillante de la habitación del hospital. Al principio, todo era borroso, pero pronto su visión se aclaró y lo vio a él, sentado a su lado, con una expresión de alivio y preocupación en su rostro.

—¿Qué ha pasado? —preguntó ella con voz débil.

—Estás a salvo ahora —respondió él, tomando su mano con suavidad—. Los responsables han sido detenidos. No volverán a hacer daño a nadie.

Ella asintió, sintiendo una mezcla de alivio y gratitud. Sabía que él había arriesgado todo para protegerla, y eso significaba más de lo que las palabras podían expresar.

—Gracias —susurró, apretando su mano—. No sé qué habría hecho sin ti.

Él sonrió, inclinándose para besar su frente.

—Siempre estaré aquí para ti —dijo con firmeza—. Ahora, descansa. Tienes que recuperarte.

Ella cerró los ojos de nuevo, sintiéndose segura y protegida por primera vez desde el atentado. Mientras se dejaba llevar por el sueño, supo que, con él a su lado, podría enfrentar cualquier cosa que el futuro le deparara.

M. D.  Álvarez 

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