jueves, 5 de junio de 2025

Mundo elevado.

Los atardeceres se iban tornando cada vez más rojizos, dotando al orbe de un añil púrpureo que, según las creencias, era el paso que había estado vedado durante siglos a otras criaturas.  

¿Qué hay de cierto en este caso? Se supone que no puedo decíroslo, pero creo que merecéis una explicación: yo soy una de esas críaturas a las que se nos vedó el paso a vuestro mundo.  

¿Y por qué? Os preguntaréis.  

El simple hecho de ser criaturas sutiles nos impedía entablar contacto con la brutalidad de vuestro mundo, pero ahora que se ha abierto el portal, tomé la decisión de observar a vuestra raza. 

Vi a un ser dulce y adorable que me cautivó sin remedio, y a pesar de mi volatilidad, me quedé junto a ella compartiendo sus anhelos y tristezas. La amé con cuidado y mesura; no podía soportar cómo la trataban por mi causa. 

La quise sublimemente hasta que dejó este bárbaro mundo a la avanzada edad de 100 años; se trasladó con su forma espiritual, manteniendo su juventud y hermosura en mi mundo elevado, donde la quiero todos los días y todas las noches. 

No os he dicho que, por mi naturaleza y mi mundo elevado, somos inmortales y que todos aquellos que evolucionan de su naturaleza terrenal a su naturaleza espiritual también lo son.

M. D. Álvarez

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