domingo, 8 de junio de 2025

Castillo sombrío.

Desde entonces, no encontramos mano de obra cualificada y tuvimos que recurrir a la mano de obra barata, como carne de cañón, para demoler aquel tétrico castillo que se interponía entre la vía de aquel suntuoso tren bala. Los obreros iban cargados de semtex con temporizadores; lo que pasaba era que todos los obreros desaparecían en aquel castillo sombrío. 

Lo que no sabíamos era que el señor del castillo los cazaba y se bebía su sangre hasta desangrarlos por completo. 

Finalmente, nos íbamos quedando sin obreros, así que desistimos de derruir el castillo y movimos la vía por otro lado, ahorrando mano de obra.

M. D. Álvarez 

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