viernes, 11 de julio de 2025

El ungüento milagroso.

El tarro de cristal contenía un ungüento para cicatrizar las heridas. Debía aplicarse envuelto en unas hojas de plátano a modo de emplasto. El mejunge debía estar en contacto con la herida. 

Él llevaba siempre un botiquín por si ocurría algo, y aquel día todo se torció. Ella cayó en una trampa para osos y se clavó una de las estacas en la parte derecha del abdomen. Por suerte, no afectó a ningún órgano importante. 

Él la sacó de la trampa y le aplicó aquel ungüento en las dos heridas, tanto en la de entrada como en la de salida, pilotando sendas hojas de plátano y vendándosela a continuación. Para cuando regresaron, las heridas ya habían cicatrizado y no había ninguna marca. 

Ella, sorprendida, observaba la zona donde la estaca había atravesado su abdomen y no daba crédito a lo que veía. Él la había transportado en brazos de regreso; eso pudo influir en su rápida recuperación. 

Ella, aún incrédula, levantó la mirada hacia él, sus ojos llenos de gratitud y asombro. "No sé cómo agradecerte," murmuró, su voz temblando ligeramente. Él sonrió, un gesto cálido y tranquilizador. "Lo importante es que estás bien," respondió, acariciando suavemente su mejilla.

Decidieron descansar un poco antes de continuar su camino. Mientras él preparaba un pequeño campamento, ella no podía dejar de pensar en lo sucedido. ¿Qué era ese ungüento milagroso? ¿De dónde lo había sacado? La curiosidad la consumía, pero también sentía una profunda paz al saber que estaba a salvo.

Esa noche, bajo un cielo estrellado, ella se acercó a él, sentándose a su lado junto al fuego. "¿Me contarás más sobre ese ungüento?" preguntó, su voz llena de interés. Él asintió, mirando las llamas danzarinas. "Es una receta antigua, transmitida de generación en generación en mi familia. Siempre lo llevo conmigo, por si acaso."

Ella sonrió, sintiendo una conexión aún más profunda con él. "Gracias por salvarme," dijo, apoyando su cabeza en su hombro. Él la rodeó con su brazo, sintiendo que, a pesar de todo, habían encontrado algo especial en medio de la adversidad.

M. D. Álvarez 

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