lunes, 7 de julio de 2025

El amor de un inmortal.

Siempre, al amanecer, desaparecía con sutileza. Nunca los amigos de ella supieron de su relación con aquel inmortal; solo ella lo percibía como una adorable y cautivadora presencia. Él le dejaba hermosas flores en la almohada para que, cuando se despertara, supiera que la quería más que a su vida. Ella dejaba la ventana abierta, aún en invierno; sabía que él no permitiría que pasara frío. Cuando llegaba, la abrazaba cálidamente y la besaba delicadamente; el sabor de sus labios y la delicadeza de su piel lo traían cada noche desde su reino etéreo. Ella temía que sus amigos lo descubrieran y lo atacaran. Sabía que su poder era ilimitado y podía defenderse sin utilizar sus manos, pero no quería que lo atacaran.

Con el paso de los días, el secreto se hacía más pesado para ella. Cada mañana, al despertar, encontraba las flores frescas y el aroma a su inmortal a su alrededor, pero también sentía el peso de la mentira. Sus amigos comenzaban a notarla distante, como si un velo de ensueño la separara de la realidad. La risa que antes compartían se había vuelto un eco lejano.

Una tarde, mientras paseaban por el parque, uno de sus amigos, Lucas, la observó con atención. "¿Qué te pasa? Estás en otro mundo", le dijo con una sonrisa, pero sus ojos mostraban preocupación. Ella solo sonrió y desvió la mirada. Sabía que no podía arriesgarse a que supieran.

Esa noche, decidió hablar con él. Cuando llegó el momento del encuentro, la habitación se llenó de una luz suave y cálida. Él apareció con su habitual elegancia etérea, sus ojos brillando como estrellas. "¿Qué te preocupa, mi amada?", preguntó con voz suave.

Ella dudó un momento antes de confesar: "Siento que mis amigos están empezando a sospechar. No quiero que te hagan daño por mi culpa". Su corazón latía con fuerza mientras esperaba su respuesta.

Él la miró fijamente durante unos instantes, luego tomó su mano entre las suyas. "No temas por mí. Mi amor por ti es más fuerte que cualquier amenaza. Pero entiendo tu miedo. Si deseas protegerme y protegerte a ti misma, quizás debamos encontrar una manera de hacer visible lo invisible".

Intrigada, ella le preguntó: "¿Cómo podríamos hacerlo?"

"Podemos mostrarles que nuestro amor no es algo que deban temer", respondió él con una sonrisa enigmática. "Si confías en mí y en lo que somos juntos, puedo revelarles mi verdadera forma".

El corazón de ella se aceleró ante esa idea. ¿Sería posible? ¿Podría sus amigos aceptarlo? La incertidumbre la llenaba de dudas, pero también había un destello de esperanza.

Finalmente, tomó una profunda respiración y dijo: "Sí, quiero intentarlo". Sabía que era un riesgo enorme, pero estaba dispuesta a enfrentarlo por amor.

Así comenzó su viaje hacia lo desconocido: una promesa de revelación y aceptación que podría cambiarlo todo.

M. D.  Álvarez 

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