—He estado ojeando sus resultados; son de los mejores —dijo él, sabiendo el efecto que ejercía su nuevo rango.
Ella se cuadró y saludó marcialmente al percatarse de con quién estaba hablando.
—Descanse, cadete; tan solo quería darle mi enhorabuena.
—Señor, sí, señor. Gracias.
—Puedes llamarme Randal —manifestó él con media sonrisa.
La conversación transcurrió tranquila y sosegada, distendida entre sonrisas.
Randal se despidió con un gesto amistoso. La cadete, inspirada, prometió dar lo mejor de sí misma. Ambos sabían que grandes desafíos les esperaban."
M. D. Álvarez
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