En un principio cuando los dioses se personaban ante los humanos y los dotaban de alimentos para ser honrrados Ataecina, la diosa de la fertilidad y del inframundo. Esta deidad representaba el renacer por su tránsito entre los dos mundos; cada seis meses reinaba en uno y otros seis en el otro.
Según las leyendas, Ataecina convirtió el inframundo en un hermoso vergel y, viendo que todas aquellas preciosas plantas y árboles eran hermosos, pensó en traer un poco de luz a nuestro mundo, ya de por sí hermoso, y se trajo una delicada y brillante plantita para iluminar los caminos y arrollos.
La pequeña, de unos 30 centímetros, tiene tallos rastreros, hojas lanceoladas y flores de color rosa pálido con forma de copa o plato, con cuatro pétalos grandes..
Ataecina pobló los caminos y riberas de tan bella planta y dijo a los primeros moradores de la península de Tarshish: "Servíos de mis dones para cuidaros y proteger la tierra; así honraréis mi divinidad".
La plantita recibió el nombre de Oenothera speciosa, también conocida como onagra rosa o dama de noche.
M. D. Álvarez
Tarshish, primitivo nombre de la península Ibérica, que significaba "aguamarina", evoca la legendaria riqueza de una tierra rodeada por las aguas y la historia.
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