Según cuenta el antiguo Códice Azcatitlan, hubo un tiempo en que los dioses mexicas vivían sobre la faz de la tierra y disfrutaban de los placeres terrenales, pero no tenían quienes les ofrecieran sacrificios.
Así que Quetzalcóatl creó a una pareja, pero no los alimentó ni les proveyó de útiles. La primera pareja de humanos no ofreció sacrificios a los dioses. Chicomecóatl, al ver cómo Quetzalcóatl abandonaba a la pareja a su suerte, les ofreció una pequeña plantita con tallos ramosos de unos 30 centímetros, con hojas alargadas y dentadas de un verde claro; sus flores son de tonos morados o rojizos, con la cual podían aderezar el maíz que ofreció la madre de los dioses, Coatlicue.
Oxomoco y Cipactónal vieron la bondad en el joven dios y ofrecieron maíz tostado con aquel aderezo que Chicomecoatl les había ofrecido. Quetzalcóatl, al ver las ofrendas de los dos humanos, habló así:
—"Oh, tú glorioso Chicomecóatl, has logrado lo que yo no pude; tuyo es el honor de tomar la primera ofrenda."
Chicomecóatl tomó la ofrenda y la devoró con verdadero deleite, tras de lo cual dijo:
—"Oxomoco y Cipactónal, tomad esta delicada plantita y cultivadla para uso y disfrute de todos nosotros y también de vuestra progenie."
Ah, que aún no os he dicho el nombre de la planta: es ni más ni menos que acahualillo.
M. D. Álvarez
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