Esta es una auténtica historia de terror, pero no tengáis miedo porque tiene un final feliz.
"Transcurría en una vieja cabaña al borde de los mares, en las primitivas tierras del occidente. La cabaña estaba habitada por una familia de ocho miembros.
La madre, el padre y seis hermanos; estos seis infantes eran la alegría de sus padres, que los educaron en el más estricto honor y adoración hacia la naturaleza. Una noche de tormenta, cuando los padres habían salido, los pequeños jugaban al escondite. El mayor siempre se quedaba con el turno de contar. Les habían prohibido subir al desván, pero el más pequeño se jactaba de ser el más valiente y se fue a esconder al desván en un arcón que ya estaba allí desde que se mudaron a aquella cabaña. Lo abrió y el interior estaba cubierto de terciopelo rojo, gastado y ajado, dejando ver las tablas de roble. Se escondió dentro mientras oía a su hermano mayor contando hasta llegar al final. Fue encontrando a sus cuatro hermanos, pero el pequeño no aparecía. Subieron al desván, buscaron por todo el desván y nada de nada; ni en ninguno de los valles y arcones había rastro de su hermano. El hermano mayor tenía el poder de adivinar lo que fuera y recordó lo que le había dicho a su hermano pequeño: que si se perdía, debía atarse un lazo rojo en el dedo anular y pensar en él. Se concentró y visualizó una habitación oculta en un arcón de terciopelo rojo. Vio cómo abrir el acceso y localizó el arcón; lo abrió y localizó el dispositivo de apertura de la habitación. Lo accionó y vio a su hermano pequeño hecho un ovillo. Lo llamó insistentemente hasta que el pequeño alzó la vista y lo vio estirando la mano para cogerlo. El pequeño estiró a su vez la suya y cogió su mano. Lo jaló y sacó del arcón. El pequeño se abrazó fuertemente a su hermano mayor, que lo abrazó con ternura y lo bajó del desván. Sus otros hermanos se asustaron al verlo tan pálido. El mayor le preparó un chocolate caliente para que entrara en calor.
—¿Ves cómo hay que hacer caso a papá y a mamá? Por algo nos dijeron que no subiéramos ahí —dijo el mayor con toda la calma de la que fue posible..
—"No volveré a desobedecer", dijo él, pequeño y visiblemente asustado.
—Bueno, pues estad tranquilos, yo se lo diré a papá y mamá. Es hora de que os vayáis a dormir.
Fin, termino de contar el mayor
Justo en aquel instante, un atronador relámpago iluminó la estancia, asustando a los cinco hermanos, salvo al mayor, que conocía las ciencias y no se asustó.
La chiquitina se había quedado dormida en el regazo de su hermano mayor. Tras una breve pausa, el relámpago volvió a iluminar la habitación. El mayor les dijo: "Ya se está alejando", mientras contaba los segundos que tardaba en sonar el trueno tras iluminar la estancia.
"Bueno, ¿qué os ha parecido mi historia? ¿Os ha asustado?", preguntó. La chiquitina, con su lengua de trapo, dijo que no porque él la defendería de los monstruos. El resto de los hermanos, todavía un poco asustados, rieron ante la gracia de la chiquilla.
—"¡Ale, ahora a dormir que mañana hay colegio!" dijo él a sus hermanos.
Ellos, a regañadientes, se fueron a sus respectivas habitaciones.
Él cogió a su dulce hermanita para llevarla a su camita, pero ella le pidió dormir con él, con aquella mirada suya que sabía que no le podía negar nada.
—"Vale, pero en cuanto te duermas, te llevaré a tu cama, ¿vale?"
—Tá bien, dijo ella.
M. D. Álvarez
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