El año fue demoledor y aterrador para ella: su hermana había tenido que hacer frente a una enfermedad que, aún hoy, es sinónimo de muerte segura. Se gastó todos sus ahorros en tratamientos alternativos punteros y, al concluir el año, todavía no lo había vencido.
Pero sus padres los educaron para no sentir dolor, y aquella ocasión no era distinta a otras noches; solo se reunían para celebrar un año más que seguían estando juntos, a la espera de que el nuevo año les trajera buenas noticias del nuevo tratamiento.
Así, abrazados, los tres cumplieron con la tradición de tomarse las uvas que despedían al año viejo y daban entrada al nuevo y glorioso año 2026.
M. D. Álvarez
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