domingo, 28 de diciembre de 2025

Bromas a parte.

Con aquella escueta toalla que apenas cubría sus preciados atributos, abrió la puerta encontrándose de frente con un enorme toro de 500 kilos. Si me habéis oído bien, un morisco de 500 kilos que lo embistió, dándole tan solo tiempo a saltar por encima del lomo. 

Cayendo en plena calle, donde descubrió al gamberro de tan graciosa broma, uno de sus mejores amigos, que en cuanto lo vio salió corriendo, pero fue atrapado y vapuleado por nuestro protagonista, que no daba crédito: su amigo seguía riéndose.  —¿Qué te hace tanta gracia?  

—Ni te has percatado de que se te cayó la toalla y has mostrado al mundo lo bien dotado que estás —dijo su amigo, riéndose.  

—Y tú no te has dado cuenta de que me da igual, porque ahora me las vas a pagar todas juntas —dijo, arrancándole la ropa y dejándolo en bolas delante de todo el mundo.  

Os preguntaréis por qué a nuestro protagonista no le importa que la gente viera lo bien dotado que estaba. Pues bien, aquella noche había una preciosa luna llena que cada mes lo transformaba en un atlético y apuesto hombre lobo. Su identidad secreta, bajo la que vivía, no era reconocible, al menos para la gran mayoría de los habitantes de la ciudad.

M. D. Álvarez 

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