Eran tiempos de tribulaciones. La pareja tuvo que huir de su aldea cerca del pico del terror. Ya no podían quedarse allí, y menos en el estado de ella; su vientre abultado era motivo de habladurías. Él no podía consentir la deshonra. Encontraron una destartalada cabaña en el bosque; él la adecentó. Ella aprobó la pequeña choza que él, con tanto amor, había preparado.
La noche del 25 de diciembre nació un precioso bebito de ojos azules. Su padre, un adorable licántropo, y su preciosa madre quedaron eclipsados por el amor de aquella criaturita, hallando esperanza lejos de la guerra.
M. D. Álvarez
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