sábado, 27 de diciembre de 2025

Fuerzas inusitadas.

Aquel encontronazo de su rostro con aquella enorme llave inglesa lo dejó casi inconsciente, pero aún así siguió luchando por mantenerse consciente. Debía impedir que llegaran a ella, y si lo dejaban fuera de combate, ella estaría perdida y no podía consentirlo. Ella era su droga, la tenía bajo su piel, la necesitaba; sus caricias lo alimentaban como la jalea real, dándole fuerzas inusitadas para luchar por ella y para que nadie se interpusiera entre ella y su paladín..

La oscuridad lo envolvía, pero cada latido de su corazón resonaba como un tambor de guerra en su pecho. Con los ojos entrecerrados, luchaba contra la neblina que amenazaba con arrastrarlo hacia la inconsciencia. Pensó en ella, en su risa que iluminaba incluso los días más grises, en cómo sus manos delicadas acariciaban su rostro como si lo estuvieran esculpiendo. Esa imagen era su ancla, y se aferró a ella con todas sus fuerzas.

Los ecos de pasos se acercaban. Sabía que el tiempo se le acababa. Tenía que encontrar una manera de levantarse, de luchar. Con un esfuerzo titánico, logró girar la cabeza y vislumbrar la sombra de un hombre que se acercaba, una figura oscura con intenciones siniestras. La rabia brotó en él como un fuego inextinguible; no podía permitir que le hicieran daño.

Con un grito desesperado, reunió sus fuerzas y se puso de pie, tambaleándose un poco al principio. La llave inglesa había dejado una marca en su frente, pero el dolor era solo un recordatorio de lo que estaba en juego. Se enfrentó a su atacante con una determinación renovada.

“¡No te acerques a ella!” rugió, mientras se lanzaba hacia adelante. Su adversario lo miró con sorpresa, pero esa fracción de segundo fue suficiente para que el paladín aprovechara la ventaja. Con un golpe certero, derribó al hombre al suelo.

Mientras tanto, su mente volaba hacia ella. La imaginó en ese lugar seguro donde solían reír juntos, donde el mundo exterior no podía tocarlos. “Tengo que llegar hasta ella”, pensó mientras luchaba por dominar a su oponente.

El hombre intentó levantarse, pero él no iba a permitirlo. Con cada golpe y cada movimiento, sentía cómo la energía de su amor lo envolvía y le daba fuerza. Finalmente, consiguió inmovilizarlo y le susurró: “Nunca más te acercarás a ella”.

Con el adversario neutralizado, se dio la vuelta y comenzó a correr hacia el lugar donde sabía que ella estaba escondida. Cada paso resonaba con la promesa de reunirse nuevamente con su amor.

Cuando llegó a la pequeña cabaña en el bosque donde ella había buscado refugio, empujó la puerta con fuerza y entró. Allí estaba, sentada en el suelo con los ojos llenos de preocupación.

“¡Tú!” exclamó ella al verlo entrar herido pero decidido. Se levantó rápidamente y corrió hacia él. “¿Estás bien?”.

“Ahora estoy bien”, respondió él con una sonrisa cansada pero sincera mientras la abrazaba fuertemente. “Lo importante es que estoy aquí contigo.”

M. D. Álvarez.

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