Con la sortija colgando de su cuello, sintió cómo una nueva determinación encendía su corazón. No podía dejar que sus sacrificios fueran en vano. Se levantó con firmeza, sintiendo que el peso del dolor se convertía en una carga que podía llevar con orgullo.
—No les fallaré —murmuró, mirando al horizonte donde se alzaban las sombras de sus enemigos. Una furia contenida comenzó a burbujear dentro de él, transformándose en un ardiente deseo de venganza.
Comenzó a caminar hacia el oscuro sendero que atravesaba el valle. La brisa fría le acariciaba el rostro, y con cada paso sentía la presencia de sus amigos a su lado. No eran solo recuerdos; eran fuerzas que lo guiaban y lo impulsaban hacia adelante.
Mientras avanzaba, recordó las historias que su madre le contaba sobre los guerreros caídos que regresaban como espíritus protectores. Con cada paso, juró que los honraría convirtiéndose en el guerrero más formidable que jamás hubiera existido.
De repente, escuchó un ruido detrás de él. Se detuvo y giró con rapidez, dispuesto a enfrentar cualquier amenaza. Pero no era un enemigo; era un pequeño grupo de sobrevivientes que también habían perdido a sus seres queridos en la misma batalla.
—¿Eres tú? —dijo uno de ellos, con voz temblorosa—. ¿El que dicen que nunca se rinde?
Él asintió lentamente. En ese momento comprendió que no estaba solo en su lucha; había otros como él, dispuestos a luchar por lo que quedaba.
—Si estamos aquí es porque aún hay esperanza —dijo uno de ellos—. Juntos podemos hacer frente a lo que venga.
La determinación creció dentro de él al ver esa chispa de valentía en los ojos de los demás. Ya no se trataba solo de su venganza; ahora era una lucha colectiva por los caídos y por aquellos que aún podían salvarse.
—Entonces vamos —dijo con firmeza—. Lucharemos juntos y no descansaremos hasta que aquellos responsables paguen por lo que han hecho.
Con esa declaración resonando en el aire, el grupo avanzó hacia la oscuridad del valle, unidos por el dolor compartido pero también por una nueva esperanza: la promesa de un futuro donde el sacrificio no sería olvidado.
M. D. Álvarez
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