miércoles, 24 de diciembre de 2025

El.mensaje de Lira.

Cuando menos se lo esperan, es cuando más les sorprende su naturaleza humana. Aquella mañana fría, él se encargó de encender una gran hoguera y preparó una cafetera de café bien calentito. Aquel aroma los despertó y salieron de sus tiendas. Él había ido a cazar y recoger frutos silvestres para el desayuno. Ella aún dormía mientras el resto del equipo se preguntaba quién era aquella joven a la que les habían hecho rescatar. Cuando él volvió, traía tres perdices, nueces y dos salmones. Era un buen capitán y su equipo lo respetaba.  
—¿Sigo durmiendo? —preguntó a su equipo.  
—Creo que sí —respondió uno de sus hombres.  
—¿Por qué nos han mandado a rescatarla? —preguntó otro.  
—Debe de ser importante si nos han enviado a nosotros a rescatarla —refirió pensativo.  

Se acercó a la tienda que ella ocupaba y carraspeó para saber si ella seguía dormida.

—Enseguida salgo —oyó que le respondía. Al cabo de dos minutos, la cremallera de la tienda se abrió y una hermosa joven de ojos verdes y cabello negro que caía suelto en bucles sobre sus hombros apareció. En su rostro se reflejaba la tensión de los días anteriores, cuando sus captores la golpearon para sacarle información. No sabía cuánto resistiría, pero gracias a aquel equipo de rescate que la había sacado de aquella base enemiga lograría llevar la información a los destinatarios. 

Él le tendió una taza de café caliente y la invitó a compartir algunas frutas. Ella aceptó la taza de café con manos temblorosas, agradecida por el gesto amable en medio de su angustia. El calor del líquido reconfortante le dio fuerzas, y mientras tomaba un sorbo, sus ojos se encontraron con los de él. Había algo en su mirada que le transmitía confianza.

—Gracias —dijo ella, intentando sonreír a pesar del peso que llevaba en su interior—. No sé cómo agradecerles por venir a buscarme.

Él se encogió de hombros, restando importancia a sus acciones. —Es nuestro deber. Pero me gustaría saber más sobre lo que sucedió. ¿Por qué te capturaron?

La joven suspiró, recordando los momentos de terror que había vivido. —Soy mensajera de una información crucial para la resistencia. Sabían que me estaban siguiendo y decidieron apresarme antes de que pudiera entregar los datos.

El resto del equipo se acercó, atraído por la conversación. Uno de ellos, un experimentado soldado, frunció el ceño al escucharla. —¿Qué tipo de información? ¿Estamos hablando de algo que podría poner en peligro nuestras vidas?

Ella asintió lentamente, reconociendo la gravedad de su situación. —Lo que tengo podría cambiar el rumbo de esta guerra. Pero también hay quienes no dudarían en eliminarme para mantenerlo en secreto.

El capitán sintió cómo una sensación de urgencia lo invadía. Sabía que no podían quedarse mucho tiempo en ese lugar; sus enemigos podrían estar tras ellos. —Entonces necesitamos salir de aquí lo antes posible. ¿Tienes un lugar seguro donde podamos llevarte?

La joven miró a su alrededor, recordando las rutas que había tomado durante su captura. —Hay una cueva cercana, en las montañas. Si llegamos allí, podré enviar un mensaje a mis compañeros.

Sin dudarlo, él organizó al equipo rápidamente. Mientras recogían sus cosas, ella se sintió extrañamente aliviada al estar rodeada por personas dispuestas a arriesgarse por ella. Era un sentimiento desconocido después de tantos días de miedo.

Con el equipo listo y la hoguera apagada, comenzaron a caminar hacia las montañas bajo la tenue luz del amanecer. Durante el trayecto, él caminaba cerca de ella, asegurándose de que estuviera bien.

—¿Cómo te llamas? —le preguntó al fin.

—Mi nombre es Lira —respondió ella, sintiendo una chispa de conexión entre ellos.

—Lira… —repitió él con una sonrisa—. Bonito nombre para alguien que lleva un gran peso sobre sus hombros.

Mientras avanzaban hacia su destino, Lira comenzó a contarle más sobre su misión y los peligros que enfrentaba. Él escuchaba con atención, sintiendo cómo se formaba un vínculo entre ellos en medio del caos.

Pero también sabía que el tiempo corría en su contra; cada paso podía ser escuchado por aquellos que la habían capturado. Con cada palabra compartida, sentía crecer una determinación dentro de él: no solo debía protegerla, sino también ayudarla a cumplir su misión.

M. D. Álvarez 

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