Como en los noventa, pienso en todas las noches de luna llena, cuando su aura oscura tomaba las riendas y corría por los bosques de su amada tierra patria, solo en las noches de luna llena podía dejar de fingir que era normal. Su naturaleza salvaje e indómita se abría paso desgarrando su piel, dejando salir al lobo que habitaba en él.
Todos los meses, cuando la luna estaba en lo alto, él corría libre por los montes, cazando venados para saciar la sed de sangre de su lobo interior. Una noche, le llegó un olor familiar; había más como él, no estaba solo.
M. D. Álvarez
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