Adoraba el sorbete de lima; su acidez contrastaba con su dulzura. Él, por sí mismo, era un caballero noble, encantador y atento. Sabía que ella quería algo dulce; sus niveles de glucosa en sangre estaban bajos y necesitaba su dosis de insulina. Así que pidió una chocolatina y un zumo de melocotón y se lo llevó a la mesa. Mientras ella saboreaba la magdalena y se bebía el zumo, él había ido a por el kit inyectable, ya que estarían fuera unas 12 horas.
—¿Has ido corriendo a buscar la insulina? —preguntó ella, viendo cómo jadeaba.
—Sí, además he ido a buscar un par de cosas más.
—Siéntate y tómate tu sorbete de lima —dijo ella, risueña. Sabía lo que había ido a buscar. El equipo completo de acampada lo había dejado en una de las consignas de seguridad que había en la estación de tren que se encontraba frente a la cafetería donde le esperaba ella.
Ella se midió los niveles de azúcar con la app y estaban dentro del rango; todavía faltaban diez minutos para que su tren saliera. Se iban de acampada al lugar que él había descubierto en un frondoso bosque. Amaban la naturaleza, esa sensación de libertad que tanto añoraban.
M. D. Álvarez
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