Su maravillosa sonrisa reflejaba su carácter afable y sincero. Su mirada de un azul intenso lo reflejaba absolutamente todo el amor que tenía por sus compañeros y, en especial, por ella. Aquel reencuentro con sus compañeros era el primero desde su regreso del más allá. No sabía por qué había regresado, pero cuando volvió, tenía una fotografía de ella en la mano.
Mientras caminaba hacia ellos, sentía una mezcla de nervios y alegría. Cada paso que daba le acercaba más a esos rostros familiares que tanto había extrañado. Sus compañeros, al verlo, se quedaron inmóviles por un instante, incapaces de creer lo que veían. Pero fue ella quien rompió el hechizo, corriendo hacia él con lágrimas en los ojos.
"¡Estás aquí!", exclamó, abrazándolo con fuerza. Él la sostuvo, sintiendo el calor de su cuerpo y el latido acelerado de su corazón. La fotografía que aún sostenía en su mano cayó al suelo, revelando una imagen de ambos, tomada en un día soleado, lleno de risas y promesas.
"Volví por ti", susurró él, mirando profundamente en sus ojos. "No sé cómo ni por qué, pero sabía que tenía que regresar".
El grupo se unió en un abrazo colectivo, sintiendo que, a pesar de todo, estaban completos de nuevo.
M. D. Álvarez
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