El silencio fue absoluto; nadie podía arrepentirse. No había tiempo que perder; si llegaban tarde, los supremacistas acabarían por conquistar las tierras del sur y no podían permitirlo. Sabían que ocurriría: pasarían a cuchillo a todos los que no fueran de su raza y color.
Él era un mestizo de padre blanco y madre siux. El resto de su equipo lo formaba un gran abanico de nacionalidades y razas; su lucha sería sin cuartel, no les daría tregua a aquellos retrógrados extremistas.
La batalla fue dantesca y apocalíptica. ¿Quién creéis que ganó? Claro, ¿quién sino? Ya que en la variedad está la sabiduría del creador: todos diferentes, pero a la vez iguales.
M. D. Álvarez
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