Cuando lo vieron partir, el alma se les cayó al suelo. De pronto, un rugido y un claxon rompieron el silencio, haciendo que se apartaran de la pared justo a tiempo, pues un gran impacto tiró el muro, sembrando el desconcierto entre los captores.
Abrió la puerta del Mustang y desenfundó sus pistolas Smith & Wesson, y con certeros balazos eliminó a los captores.
Sus amigos no daban crédito; había vuelto por ellos. —¿Cómo iba a dejarlos?, dijo sonriendo.
M. D. Álvarez