lunes, 2 de marzo de 2026

​El rugido del Mustang.

—No los puedo dejar tirados, pensó para sí. Ellos nunca lo harían. Giró el volante en redondo, derrapando, y con un rugido de su Mustang, aceleró. 

Cuando lo vieron partir, el alma se les cayó al suelo. De pronto, un rugido y un claxon rompieron el silencio, haciendo que se apartaran de la pared justo a tiempo, pues un gran impacto tiró el muro, sembrando el desconcierto entre los captores. 

Abrió la puerta del Mustang y desenfundó sus pistolas Smith & Wesson, y con certeros balazos eliminó a los captores.

Sus amigos no daban crédito; había vuelto por ellos. —¿Cómo iba a dejarlos?, dijo sonriendo.

M. D. Álvarez 

domingo, 1 de marzo de 2026

No lo dudes.

No los puedo dejar tirados; no se lo merecen. Siempre han estado para mí cuando los he necesitado, como aquella vez que se vio acorralado por un grupito de veinteañeras que no cesaba de atosigarlo. Sus amigos no dudaron en ir a rescatarlo.  

Se lo debía; no sería un buen amigo si los dejaba a su suerte junto con Angie, la chica más maravillosa del grupo. 

No se lo perdonaría jamás, así que se dio la vuelta y dijo: —No os puedo dejar así como así; además, vosotros no lo haríais, ¿verdad?

El grupo de amigos lo miró y dijo al unísono: —No lo dudes.

M. D. Álvarez