Y cuando creía que ya había terminado de hablar, retomaba su alaraca con chismes de todo tipo. Luego dicen que la piedra del conocimiento es inefable e infalible.
No debería ser esta, porque su cantinela le estaba provocando un dolor atronador de cabeza. Lo que le obligó a tirar de su ingenio fue que se puso a escalarla mientras la charla seguía dale que te pego. Y cuando llegó arriba, dejó de hablar.
Qué curioso, pensó él, si tan siquiera me hubiera decidido a escalarlo antes, no me habría puesto este intenso dolor de cabeza con tanta charla sin sentido.
M. D. Álvarez
No hay comentarios:
Publicar un comentario